Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS

Arturo Pereira

Arturo Pereira

Luz entre tinieblas

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Hay personas que brillan con una luz propia. En este mundo de tinieblas, incertidumbres y pesares banales y otros menos banales, ocasionalmente nos tropezamos con hombres y mujeres de una calidad humana que nos hacen recuperar la fe en nuestra especie. Es muy raro pero, aunque pueda parecer extraño, todavía el ser humano puede ser un modelo de, precisamente, humanidad profunda.

Es el caso de Ismael. Un hombre al que la vida lo ha volteado de manera determinante. Su historia, sin ser única, es singular porque la vida de cada uno nos pertenece de manera exclusiva. Las mismas experiencias vividas por distintas personas son interiorizadas y afrontadas de las más diversas maneras. Ismael es un policía nacional, una persona que ha dedicado gran parte de su vida profesional a hacer más fácil la vida de los demás, especialmente la de los adolescentes. Muy conocido en los centros de enseñanza y muy querido por alumnos y profesores. Hombre de exquisitas maneras y bondad, sabe ganarse el afecto de los que tienen la suerte de cruzarse en su camino. Es del tipo de personas que te sientes bien a su lado. Se percibe inmediatamente un halo de humanidad que irradia de forma espontánea, sin ficciones, sin atrezos, ni filigranas tendentes a fingir lo que no se es. Ismael es lo que se ve, sin doblez. Es una buena persona. Todo lo hasta aquí dicho se podría afirmar de otras muchas personas, ciertamente. Pero, la singularidad de Ismael es que tras sufrir un muy grave accidente se ha quedado tetrapléjico y anclado en una silla de ruedas. Duro golpe para cualquiera, especialmente para un amante del deporte como él. Hablo de singularidad porque puedo afirmar con rotundidad que Ismael no ha cambiado, no ha dejado de irradiar esa luz que siempre le ha acompañado, antes del accidente y ahora en el que el infortunio se ensañó con él. En su presencia todo se vuelve calma y confort. No ha dejado de entregarse a los demás y continúa con su actividad educativa, orientando a los adolescentes en aquellas cuestiones en las que una sólida formación profesional lo convirtió en un experto. Su campo de trabajo se centró y centra en la formación para hacer frente a los nuevos riesgos derivados del desarrollo tecnológico. Todos estamos preocupados por las amenazas que sufren nuestros adolescentes y jóvenes provenientes de las redes sociales. Palabras como bullying representan una realidad para muchas familias con los graves perjuicios que esto supone. Ismael ayuda a prevenir y en su caso a cómo reaccionar por parte de las víctimas. Educa en valores y genera unidad entre su auditorio. Con este trabajo está construyendo tejido social, está ayudando a recuperar un ideario de solidaridad y generosidad entre las generaciones más jóvenes. Recientemente he tenido el honor de acompañarle en una de sus charlas en un instituto de Ponferrada. Él sólo, en su silla de ruedas frente a un numeroso grupo de alumnos. Comenzó a hablar y se hizo un silencia absoluto. Respeto, buena educación y atención a una historia digna de ser contada y escuchada. Ismael estaba contando su historia con el objetivo de enseñar lecciones aprendidas a nuestros adolescentes. Es una historia de renacer, de no rendirse, de dar gracias por lo que tenemos. Caló el mensaje. Al final un grupo se le acercó y comenzó una charla informal y cercana. Ismael es un maestro de la vida. Esta, lo ha volteado pero no vencido. Lo tiene claro, no hay otra opción que luchar, pelear por uno mismo y por los que te quieren y rodean. Aprecié en nuestros adolescentes interés, admiración. Percibí que hay cantera, que las generaciones que nos siguen saben apreciar lo auténtico, lo realmente importante. Saben interpretar la generosidad sin condiciones.

Hay cantera, nuestros jóvenes saben apreciar lo realmente importante

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