Diario de León
Pedro García Trapiello

García Trapiello

Tilín, tolón, León

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Hay frases o aforismos que es necesario roerlos un rato hasta descubrirles el sentido o el alma pequeñina. ¿Qué quiere decir, por ejemplo, ese viejo refrán ya olvidado que advertía: «Las campanas de León, unas tocan y otras son»?... ¿?... ¿tocar, ser?... ¿de qué van unas y en qué se quedan las otras?... ¿cómo explicarlo?... las que tocan, ¿qué tocan?... y las que son ¿pueden serlo sin tocar?... ¡ay, la verdad cazurra a medias!, ¡ay, las palabras tras la sebe!... Al parecer recogía este dicho en sus averiguciones arqueológicas y folkloristas el padre Morán que, destinado en Salamanca treinta años, pesquisó mucha cosa de la región leonesa. Era un agustino que nació en Rosales en 1882 (los agustinos de esta tierra salían todos de Omaña, lo mismo que los dominicos del Curueño o del Torío y los franciscanos del Esla). Puesto en campanero, podría uno pensar que hay campanas dedicadas a tocar y otras, las grandes, las verdaderas campanas, que no necesitan de campanear tanto reservándose para solemnidades o acontecimientos. Las campanas medianas o canijas se desgañitan todos los días; las grandes sólo doblan, nunca se voltean como sus hermanas menores cuando lo hacen de fiesta, de rebato o en tentenube. Así las cosas, ahora se entiende que unas toquen o otras lo sean sin necesidad de cacarearlo. Unas hacen tilín o tantán y las otras tolón, unas son dicharacheras y las otras prefieren la prudencia y el silencio hablando sólo cuanto toque y con gravedad solemne, como cuando se moría alguien y anudaban su tañido a la garganta metiendo una incógnita en la barriga. Lo mismo pasa con la gente: unos no dejan de tocar y otros prefieren «ser» siendo parcos y midiendo lo que hay que decir, pero diciéndolo a su hora con toda solvencia y voz sonora, esa voz que pide eco lejano y acuse de recibo. «¿Por quién doblan las campanas?», «For whom the bells tolls», tituló Hemingway su novela sobre la Guerra Civil citando al poeta John Donne que escribió en 1624: «La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca me hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti».

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