DISTINTAS FORMAS DE VER LEÓN
León tiene un grip especial
Alba Sánchez González Piloto de rallyes
¡Hola leoneses y leonesas!
Cumplir 120 años no es solo mirar atrás, es entender todo lo que se ha contado durante ese tiempo. Y entre esas historias, el deporte siempre ha tenido un lugar especial. Porque hay cosas que no solo se viven, acaban formando parte de lo que somos.
En mi caso, el deporte no llegó en forma de balón ni de portería. Para mí tuvo forma de curvas, de notas y de una confianza absoluta en alguien que tienes al lado mientras todo ocurre en cuestión de segundos.
Porque mi historia empezó mucho antes de sentarme en el asiento de la derecha. Empezó como aficionada. Antes casi de saber andar, ya sabía lo que era un rally. Mientras en el colegio, en Carmelitas, los lunes mis amigos contaban que habían estado en el pueblo o de excursión, yo contaba que había estado en una carrera.
Y la pasión no se quedó ahí. Poco a poco fui encontrando mi sitio dentro de este mundo. Primero detrás de una cámara, como fotógrafa aficionada, intentando captar en una imagen todo lo que sentía desde fuera. Una forma de entender el deporte desde otra perspectiva que, sin duda, siempre me ha hecho valorar mucho mas dónde he llegado.
Hasta que di el paso. Empecé a correr en 2015, como no podía ser de otra manera, en la tierra de mi tierrina. Y poco a poco fui creciendo.
En 2017 participé en mi primera prueba del Campeonato del Mundo, después de haber pasado antes por varias pruebas del Campeonato de España. Fueron pasos rápidos, pero siempre en orden.
Al año siguiente llegó mi primera experiencia en Europa. Y a partir de ahí, el camino se abrió. Tuve la oportunidad de acompañar a pilotos de diferentes nacionalidades: Portugal, Inglaterra, Paraguay, Uruguay, Italia, Turquía o Qatar. Experiencias que me han permitido crecer, adaptarme y competir incluso en otros idiomas, algo que siempre me ha aportado un valor extra.
En 2019 llegó mi mejor año a nivel deportivo, formando parte de un equipo oficial como Hyundai España. Fue un año de aprendizaje constante, de crecimiento y de resultados, pero sobre todo fue especial por una persona. Crecí junto a mi piloto, Surhayen Pernía, con quien he compartido más carreras, con quien he conseguido mis principales victorias y con quien más he aprendido. Siempre me exigió muchísimo, y eso me llevó a darme cuenta de hasta dónde podía llegar y de lo que realmente valía.
Recuerdo esa etapa con muchísimo cariño.
En 2020 llegó un parón para todos. En mi caso, además, coincidió con uno de los momentos más importantes de mi vida, si no el que mas: el nacimiento de mi hijo, Egan. Él se ha convertido en uno de los motores más grandes para no rendirme, en la razón por la que seguir adelante incluso en los momentos más difíciles. Y no solo hablo profesionalmente.
Después llegó otra gran oportunidad: competir y ganar un rally del Campeonato de Oriente Medio junto al seis veces campeón del Dakar, Nasser Al Attiyah. Una experiencia que debería haber marcado un antes y un después, pero que también me enseñó que no todo tiene el mismo peso para todos. Para mí suponía un paso clave a nivel profesional, pero no se tradujo en nuevas oportunidades.
Y aunque siempre he dicho que mi sitio está a la derecha, también quise probar el otro lado. En el Campeonato de España de Rallycross tuve la oportunidad de correr como piloto, incluso frente a personas a las que años atrás había copilotado. Fue una experiencia distinta, exigente y muy enriquecedora. Pero siempre lo he visto como lo que es: una espinita que tenía clavada. Yo soy copiloto y lo de pilotar... cuando se pueda.
A día de hoy lo sigo viendo como un hobby, algo que me gustaría poder seguir experimentando, y ojalá algún día en casa, en las Hoces de Valdeteja, nuestro Montecarlo particular. Pero no siempre es fácil, porque este deporte depende en gran medida del apoyo económico, y no siempre hay empresas que apuesten por ello, independientemente de la experiencia o la visibilidad que puedas aportar.
Con el tiempo entiendes que lo que realmente te forma no son solo los resultados. Son los valores: el esfuerzo cuando nadie mira, la constancia en los días difíciles, la capacidad de levantarte después de un error y la confianza. Confianza en tu piloto, en tu trabajo y en ti misma.
He tenido la suerte de recorrer muchos kilómetros, pero hay algo que siempre me acompaña: de dónde vengo. León no solo es mi hogar, es también un escenario perfecto para este deporte. Carreteras que parecen hechas a posta para disfrutar (que nadie se confunda, siempre en competiciones oficiales), con un asfalto y una tierra exigentes, de esas que te obligan a dar lo mejor en cada metro. Y no es solo una opinión personal por orgullo, se lo he escuché a algún piloto mundialista que ha tenido la oportunidad de descubrirlo.
Porque León también se cuenta así. A través de sus curvas, de sus pueblos, de su gente y de esa pasión silenciosa que se vive en cada cuneta. Una pasión que refleja esa forma tan nuestra de resistir, de seguir adelante a pesar de la despoblación o de la centralización que muchas veces nos deja al margen, pero nunca nos apaga.
El automovilismo, aunque no tenga el foco de otros deportes, es una escuela de vida. Aquí no hay margen para la duda. Cada palabra cuenta. Cada nota importa. Y cada error tiene un peso real: no es solo perder tiempo, no es fallar un gol o no llegar a pararlo; es asumir una responsabilidad enorme y reaccionar en cuestión de segundos. Quizá por eso sorprende y, a quienes formamos parte de esto, nos duele ver que, con todo lo que hay detrás, sigue siendo un deporte con menos difusión de la que merece y que, en demasiadas ocasiones, solo cobra protagonismo cuando ocurre una desgracia.
Por suerte, el Diario de León siempre ha sabido darnos nuestro lugar, tanto a las pruebas regionales como a competiciones del panorama nacional, y poniendo en valor a protagonistas que han alcanzado logros de proyección internacional. Que los tenemos.
En mi caso, la bandera de León siempre ha viajado conmigo: desde las pruebas del Campeonato de España hasta los tramos nevados de Letonia, a más de 3.000 kilómetros de casa. Siempre en mi mochila, junto al manómetro, el roadbook y mis notas. Un imprescindible más para mí.
Mi sueño como copiloto es sencillo y a la vez no lo es tanto: poder seguir compitiendo. Y esto es así porque en este deporte hay muchas cosas que no dependen de uno mismo. Hay etapas en las que cuesta más, en las que el teléfono no suena, en las que echas de menos estar dentro del coche, en las que todo parece pararse demasiado. Son momentos duros en los que pensamientos como «¿qué hice mal?» están constantemente presentes.
Pero incluso en esos momentos, lo vivido sigue teniendo peso. Lo que has sentido, lo que has aprendido, lo que has compartido… todo eso permanece. Y por supuesto, las personas del camino. Y durante estos 120 años, el Diario de León ha estado ahí para contarlo, para hacer que cada historia, cada recuerdo y cada esfuerzo no se pierdan y sigan formando parte de nuestra memoria.
Ojalá dentro de unos años pueda mirar atrás y seguir sintiendo lo mismo: que todo esto ha merecido la pena. Que cada kilómetro ha sumado. Que cada experiencia ha dejado huella.
Porque si algo tengo claro es que siempre seré copiloto, fuera y dentro de los tramos. Porque esto no es solo lo que hago, es parte de lo que soy.