EL MIRADOR
Y a esto le llaman legislatura
Cuando la palabra pierde valor, cuando los conceptos se tergiversan o prostituyen, la realidad auténtica deja de existir y esto es lo que ocurre cuando, con toda naturalidad, hablamos de «legislatura». Para hablar con propiedad de legislatura deberían haber estado presentes conceptos, usos y costumbres arraigados a lo largo de los años de democracia e incluso mandatos constitucionales, como la presentación de las cuentas públicas al Parlamento, que se han venido incumpliendo a lo largo de tres años y así seguirá siendo hasta que el presidente, en uso de su legítima capacidad para ello, decida convocar elecciones.
Hablamos de legislatura como si tal cosa, en puridad, existiera. En una legislatura normal se celebran debates sobre el estado de la Nación, aspectos sustanciales de política exterior son sometidos al criterio de los electos que a todos representan, no se presentan decretos condenados de antemano al fracaso y, por supuesto, se presenta el proyecto de cuentas públicas aún a riesgo de que sean tumbadas por la mayoría. Pero estamos a otra cosa, a sortear la realidad. El Presidente y todos los que le apoyan, le aplauden y callan parecen encontrarse cómodos o, por lo menos, no concernidos pese a saber todos ellos que la llamada legislatura ha dejado de serlo hace mucho tiempo. A todos ellos, si es que se produce cambio de Gobierno, habrá que recordarles la extraordinaria manga ancha que han demostrado tener con el actual gabinete. ¿Qué impediría a ese futuro presidente no celebrar debate sobre el estado de la Nación? ¿Qué crítica se le podría hacer por parte de quienes ahora callan ante Sánchez si no presentara el proyecto de Presupuestos? Si hubiera coherencia con lo que se esta viviendo nada podrían criticar, nada podrían exigir porque a lo largo de estos años ellos mismos han sido protagonistas silentes de lo que se llama legislatura.
La legislatura en el sentido cierto y profundo del término, está acabada hace ya tiempo. Si hubiera que establecer un punto de inflexión para que la legislatura dejarlo de serlo, lo colocaría fuera del Parlamento y si en las contundentes declaraciones de Yolanda Diaz pidiendo con una energía tan inusitada como incoherente, un cambio radical de Gobierno. ¿Se acuerdan? Ni un solo cambio y ahí continúa Sumar. Asunto zanjado y Sánchez impasible y con razón. Ya sabe que, por muchos plantes que haga su socio de Gobierno, nada va a ocurrir simplemente porque, en el fondo, les ignora a sabiendas de que ellos, los de Sumar, se agarran tanto o más que el a esto que se llama legislatura.