al trasluz
Ladrar sin morder
Este jueves, en mi casa viviremos un gran evento. «¿Tienen a comer a Jorge Negretre?», me preguntará mi lectora centenaria, siempre al día. No, otro año más, Marta actuará con el grupo de teatro de mayores, actividad que organiza —y muy bien— el Ayuntamiento de León, desde la Concejalía del Mayor. Y este juglar de columnas lo vive como si uno mismo tuviese un papel en la obra, pongamos que el de Brando en aquella de Tennessee Williams. Pero solo soy actor consorte; un devoto aplaudidor, aunque al menos los míos no son enlatados. Por motivos que ignoro, tiene que ladrar varias veces en el escenario, pues la escucho hacerlo en los ensayos domésticos. Por algo se dice que saber idiomas es imprescindible. La primera vez ladró sin avisar y creí que se estaba metamorfoseando en perra salchicha. Lo confieso, quedé tan impactado como si me hubiese anunciado que se pasaba al R. Madrid. ¡Marta ladraba! Y muy bien, ¿ha hecho un cursillo online a escondidas?
Sus estrenos teatrales no la ponen nerviosa; a mí los suyos sí. Hasta el jueves, viviré en perruno ser o no ser. De la obra solo conozco que se llama «Consuegras». Algo escueto, ¿no? Si me llegan a consultar les habría sugerido titularla «Fuenteperruna». Como en los ensayos caseros de años anteriores, los vecinos nos oyen… pero no ven y —por tanto— no entienden. ¿Ladridos sin perro? En el siglo XVII, ya estaríamos denunciados por hechicería perruna. Uf. Y si en el colegio se me daba mal lo de saltar el potro, ahora ya en la prevejez si me encadenan a uno les cantó lo que me pidan, incluso con bises.
El teatro realizado por personas mayores no busca matar el rato, sino vivificarlo. Porque no pretenden nada, consiguen lo que más importa: alegrar. ¿No es misterioso? No fuimos creados para la inmortalidad, y algunos ya estamos ya en el antepenúltimo acto, aunque ojalá sea largo y feliz; por tanto, si hay que hacer —incluso— de ornitorrinco se hace. Felicitaciones por adelantado a la directora y a la concejalía, al reparto y a su público devoto. Como en nuestra propia vida, lo importante es llegar. Y ladrar sin morder. En cambio, hay humanos —un decir lo de humanos— que deberían llevar bozal, pues con su rabia belicista aterrorizan al mundo.