Cuerpo a tierra
Ceranda ancha
Un político es alguien que cuando se queda sin ideas –en caso de tenerlas, cosa insólita– sigue lanzando palabras. Nos referimos a ideas propias, que no a ideología, ese compendio que viene adjunto a unas siglas. Las providenciales siglas nutren con lemas y frases el discurso de la inmensa mayoría de los políticos, raro es el que se sale de la falsilla del tema del día, de lo que hay que decir porque así lo decide el partido. Los versos sueltos duran poco en la pasarela, esto es sabido, cualquier desviacionismo del consenso se castiga con la expulsión de la manada, cuya fuerza reside en el discurso monolítico y sin fisuras, con esas ideas ajenas que manan de algún gabinete estratégico. Es la fuerza del número el poder de la manada. Los toros enamorados de la luna terminan como Margarita Torres, «una concejala más del grupo» cuando fue presentada para alcaldesa.
Bajo la sombrilla de unas siglas, son pocos los que pueden permitirse ideas personales, aunque precisamente esos son los políticos interesantes, que se salen del carril de lo adocenado y triste, llegando a cambiar el argumentario de su propio partido desde dentro. La inmensa mayoría se dedica a capear los temporales lanzando palabras cuando se les termina el guion establecido. Y en esas manifestaciones muchas veces está lo más original que dichos próceres van a decir en toda su vida atada a un cargo. Porque se les escapan, a la hora de improvisar sin libreto, cosas que no están en la partitura. Le sucedió a Sánchez cuando soltó que gobernaría con o sin apoyo del Parlamento, lo que viene a ser a su bola, que sorprendió sobre todo a los suyos porque la oposición ya se había olido esa tostada.
Y le ha ocurrido muchas veces a ese funambulista entre la ideología del partido y las ocurrencias propias que es el alcalde de León, capaz de las más difíciles acrobacias para intentar casar lo que él quiere con lo que de él espera su formación. Y no nos referimos a su leonesismo de perfil, que al fin y al cabo es un matiz que puede reforzar su candidatura local, sino al ancho de grano de su ceranda reivindicativa, por cuyo tamiz, junto a las canónicas ideas socialistas nacionales, acostumbran a colarse perlas que encrespan a Cendón.