Diario de León

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Salió un día la «Calle de la Tremolina» intuyéndose aquí origen prostibulario pero sin saber el cuándo o por qué de su bautizo. Me llama al poco Pepe Muñiz, cuyo celo averiguador sobre nuestras historias, lugares o costumbres jamás se lo pagará León como debiera. Es un erudito de gran tomo, lomo y museo propio. Me remite su pesquisa al caso. Merci beaucoup, mon ami: «En este barrio de San Lorenzo tenían asiento unos cuantos prostíbulos y no sería extraño que abundaran las peleas callejeras con alguna tremolina. Allá por el siglo XVII era costumbre que las «venusinas» del barrio, así llamadas las que ejercían la prostitución, celebraran al llegar la Semana Santa una procesión recordando a la santa pecadora María Magdalena. Llegado el Viernes Santo, las «venusinas» elegidas entre las menos viejas, llevaban al cuello un rosario de grandes proporciones y caminaban a la par. En la procesión iban varios clientes disfrazados de diablos gesticulando con posturas grotescas. Se cantaban letanías en tono lento y grave: ¡Santa Magdalena, luz de las tinieblas y del fango, rogad por nosotras! La lenta procesión se animaba con un ritmo de polka, tres pasos adelante y dos atrás. En esa época era costumbre que hubiere hermandades en iglesias, capillas o cruceros con sus campanillas, cruces, faroles y estandartes. El excesivo número de hermandades daba motivo a rivalidades, en particular en los barrios humildes con gentes de armas tomar y mano airada. Eran frecuentes en mitad de la calle y entre sombras de la noche agrias disputas entre los distintos cofrades con bofetones y palos, a la vez que blandían sus grandes rosarios hasta darse el caso de tener que intervenir los alguaciles. Y dio la cuasualidad en un mismo Viernes Santo que la procesión de las «venusinas» que salía de los alredores de la iglesia de San Lorenzo se topó con otra procesión que salía del contiguo San Pedro, encontrándose frente a frente en la calle de la que hablamos y armándose de repente una tremolina y sacudiéndose de lo lindo los penitentes de las dos procesiones. Y al parecer, en recuerdo de este suceso se puso el nombre de Tremolina a esa calle». Y yo concluiría, Pepe, que de esa raza nos viene el galgo nuestro.

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