FUERA DE JUEGO
Salud que mata
La Sanidad, así con mayúsculas, es probablemente uno de los puntales de una sociedad libre y democrática. El acceso de todos con iguales garantías a unos recursos que son públicos, precisamente por ser pagados por todos, es un derecho que afortunadamente fue consagrado hace tiempo en España. Frente a países que dejan la salud al arbitrio del seguro que pueda pagarse cada persona.
La Sanidad puede tomarse como un termómetro de las realidades y las miserias de este país. Producto del chantaje nacionalista al que siempre han cedido los grandes partidos, hoy ese mismo sistema está diseminado en lo que algunos llaman reinos de taifas autonómicas, aunque al escuchar cada día lo que dicen unos y otros, quizá sería más apropiado hablar de jaula de grillos que corren ‘sin cabeza’.
El injusto reparto de recursos entre los privilegiados y el resto agrieta esta estructura en la que un Gobierno central legisla y toma decisiones sin escuchar siquiera al resto, cuando son esas autonomías las que luego pagan las facturas, las ocurrencias, y ponen la cara ante el paciente. Prestaciones distintas, calendarios de vacunaciones, protocolos... una auténtica locura que despedaza lo que debería ser uno de tantos asuntos homologados, aunque sólo sea en beneficio de los pacientes. Una huelga que el Ministerio ni siquiera intenta solventar dialogando y penaliza las listas de espera de las autonomías, la mayoría en manos de otros partidos. Con carencia de médicos que ahoga a unos mientras los que deciden miran para otro lado. Y retos, como acoger el barco infectado —labor humanitaria necesaria y justa— que se activa sin contar con quien hará el trabajo de verdad, en unas Canarias que son monocultivo del turismo que se atrae con imagen pública.
Sanidad... con unos profesionales a los que el relevo generacional les ha elevado la nota general a máximos históricos. Pero a los que no se escucha, en asuntos clave como la imprescindible Ley Integral de Cuidados Paliativos que no llega. La gente vive con dolor, sufriendo... y ahora nos enteramos de que la madre de Noelia pide que se derogue la ley de eutanasia: «Mi hija no tenía una enfermedad terminal, tenía enfermedades mentales». Justo cuando acaban de matar a un hombre de mediana edad de Reus porque tenía depresión crónica... Parece que tienen razón los que advirtieron que la ley era de suicidio asistido. La eutanasia pasiva la apoya todo el mundo, la activa plantea dudas... pero ahora los policías, cuando vean a alguien aupado a un puente, quizá tendrán que empujarlo...