CUERPO A TIERRA
Chóped y mercachifles
La primera batalla de la ideología se da en las palabras. Hay quienes celebran como una victoria decir interrupción del embarazo en vez de aborto y quienes consideran una derrota sustituir en un papel «maternidad» por «enfermedad» a la hora de firmar una baja laboral. El lenguaje es un campo de batalla, la primera trinchera en que se confrontan las ideas contrapuestas. Hasta en lo que es en apariencia inocente hay pensamiento intencionado: por ejemplo, denominar calle peatonal a lo que es una calle cerrada al tráfico rodado o calzada segregada con el objeto de obtener una vía lúdica. Nadie es inocente, y, a veces, menos que nadie las palabras, culpables de tantas de las malicias que se quieren hacer pasar por confusiones, aunque también de las dulzuras emboscadas bajo algún severo acento.
Como el oro, el lenguaje es maleable. Y cuando cae en las manos de políticos sin escrúpulos que retuercen los conceptos para cambiarles su polaridad, maquillando lo negativo de positivo y viceversa, puede dar lugar a figuras de lo más chocante. La idea de parado, que es alguien transitoriamente sin empleo, ahora se llama fijo discontinuo, que brilla más que temporero, aunque nombra la misma eventualidad. A los candidatos a diputado a los que se presenta por circunscripciones que ni conocen, a los que siempre se denominó cuneros, hoy son paracaidistas. Incluso hay quienes llaman «escort» a la acompañante remunerada de algunos ministros, aunque por ahora no se atreven a decirle doncella. Tiempo al tiempo.
Casi de continuo, los políticos se comportan como feriantes vendiéndonos una pomada inerte como infalible crecepelo. La percepción bastante extendida que se tiene de ellos como mercachifles procede de ese jugar con el lenguaje, tensionándolo a su favor hasta límites de rotura. Con modos y maneras de sacamuelas, avalados por equipos de comunicación no verbal y psicología, además refuerzan su discurso con una gestualidad convincente: esas gafas en la mano, ese rictus de rotunda seriedad, esas palmas de las manos hacia fuera… Semántica abajo, jugando con la etimología que es el origen de las palabras, deformando y tergiversando también los hechos, construyen unos relatos ficticios que pretenden que tomemos, en vez de por las fábulas que son, como el cuerpo de la realidad. Igual parece broma, pero no lo es: yo creo que todo empezó cuando consentimos en llamar chóped a la mortadela barata.