Sansirolés
Como no subieron hasta la montaña, los falampos de las cresteras y la farraspina de nieve que regaló mayo a la primavera leonesa, para adorno de los abesedos, se quedaron fuera cuando los académicos trancaron el diccionario antes de marchar. No sabemos si les prestó la visita porque esos paisanos son de pocos esparabanes, pero el Pleno de esta semana en León, cuarto en toda la historia de la Real Academia Española que sale de Madrid, homenajeó a los escritores y eruditos de un pueblo que, arrullado en la tradición oral de calechos y filandones, guarda mucho todavía por nombrar. Vamos sobrados de léxico, como comprobaron los estudiosos cuando, entre tantos cuzos y algún golito, nos pusimos murgueros con los deberes para que incorporen seise, bracero y papón, al dictado del glosario semanasantero del maestro Motorines. Para no andar en telares prometieron que lo van a estudiar para la nueva actualización, después de que en la última tragaran con farlopa, bocachancla, simpa, loguearse, milenial y turismofobia, entre otros fichajes sacados de las letras de un reguetón, con el aval de la extensión de su uso.
Por las mismas se les rogó a los académicos que se retire del diccionario castellanoleonés, aunque se les ve menos dispuestos a estudiarlo, como explicó su director. Aquí nos manca el extranjerismo que no identifica a nadie, aunque dentro de las más de 93.000 palabras aceptadas tampoco se trata de eliminar todas aquellas a esgaya que no se empleen en esta tierra. El criterio de permanencia en las páginas del lexicón lo comparte la Junta, que suma más de 43 años en el empeño de que el bastardeo trascienda al vocablo con el que bautizaron al engendro. Los responsables de la administración autonómica no cejan en confundir la parte con el todo, ni en adulterar los términos, como han exhibido esta semana con la subvención para que San Esteban de Gormaz promocione un centro de interpretación, crismado como «Puerta de las Cortes: Castilla 1187», que discute a León la Cuna del Parlamentarismo, santificada por la Unesco, a partir del reconocimiento de los Decreta de 1188 como Memoria del Mundo. Quieren que nos quedemos como unos sansirolés. Se necesita mucho limpia, fija y da esplendor para tanto fato.