Diario de León

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Fue Mark Twain quien escribió que «la verdad supera a la ficción, pero es porque la ficción está obligada a atenerse a las posibilidades; la verdad no». La realidad es que vivimos en la ficción. Y no sólo porque una parte de nuestro tiempo lo invertimos en ver series. El relato ha ganado al dato, de tal modo que la conjuntera, los cálculos groseros o los indicios se convierten en verdad absoluta que nadie puede rebatir so pena de ser acusado de defender a los presuntos delincuentes.

Viene esto al paso de la polvareda que empaña la realidad desde que el juez Calama hizo pública la imputación de Zapatero. No digo que el leonés no tenga que ser investigado, ni que el magistrado deje de hacer su trabajo. Pero la realidad empieza a friccionarse con la ficción cuando una ristra de indicios y conjeturas de la policía se convierten en prueba incontestable y munición para alimentar el mantra de que Sánchez tiene que convocar elecciones. Si me queréis, irse, que diría Lola Flores. Eso es lo que le dicen a Pedro Sánchez desde que llegó a La Moncloa. Apuntalar este relato, sin saber cuánto hay de realidad en todo lo que se ha escupido por un auto y un sumario lleno de lagunas, ha sido el objetivo de la maquinaria (des)informativa. Corría el champán por las tetas de los dirigentes de la oposición, las lamentaciones por el escote de los líderes de los partidos que hacen viable al Gobierno y la confusión entre la opinión pública. Se pasaron tanto de frenada que un día valoraron las joyas de la caja fuerte —muchas de la madre de Zapatero y otras de una supuesta herencia de Sonsoles Espinosa y propias de la esposa del expresidente— entre un millón y tres millones de euros en los periódicos más serios (esos que dictan la moral y la ética a los periódicos de provincias) y al siguiente se la envainan con una aclaración que no aclara nada: «Concluir su valor con una imagen es un disparate». Fue decir esto y cerrar la boca sobre el caso. Lo último que se ha escrito es que la comparecencia de Zapatero ante el juez se aplaza y se amplía a dos días: 16 y 17 de junio y que Calama ha puesto al PP al frente de la acusación popular. En la ficción es más fácil hilvanar relatos lógicos y verosímiles, porque en la realidad hay que atenerse al caos, lo impredecible y las incongruencias de las que está sembrada la conducta humana. Por eso la ficción nos hace abstraernos tan fácilmente de la realidad. La de Zapatero la veremos en próximos capítulos y algunos tardarán una década en salir a la luz, entre otras cosas, porque la realidad de la justicia es que carece de medios y vive de informes policiales más o menos fiables. Entre la pena del telediario y el linchamiento personal y familiar —se han ensañado con sus hijas como nunca hicieron con los negocios de Perrachica de los hijos de Aznar— hay una distancia. Tanta como entre democracia y estado policial. Afortunadamente, Ken Loach caminando sobre la alfombra roja de Cannes con sus dos bastones nos devolvió la dignidad de la ficción real.

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