La pintada
Una pena que, en el vestíbulo de las Cortes, en lugar del cuadro de «Los comuneros de Castilla» no hubiera lucido aquella pintada del barrio del Ejido en la que, junto a la silueta del busto de la reina Sofía, se leía «no queremos inmigrantes que no vengan a trabajar». No hubiera hecho el mismo fondo que el piquete encabezado por las figuras de Juan Padilla y el obispo de Zamora, Antonio de Acuña, lanza en ristre, a la salida de Valladolid hacia el campo de batalla, pero hubiera dado un mejor contexto a la presentación del pacto que esta semana, después de 81 días de asueto desde las elecciones, escenificaron Alfonso Fernández Mañueco y Carlos Pollán con 324 medidas, adobadas con la ponzoña de «la prioridad nacional». Los españoles primero, por si no habían entendido el sintagma limado por la necesidad de la extrema derecha de atender a su nervio racista, que parte de la falacia de victimizar a los españoles como si alguien los hubiera colocado detrás, y concedido por los populares como tributo vergonzoso para mantener la gobernabilidad de la Junta. Los bárbaros extramuros que vienen a quitarnos no el pan, sino las migas.
El concepto vacío replica al dictado la propaganda fascista que hace fortuna en la escasez de recursos, el problema de la vivienda, la merma de la sanidad pública y el deterioro del estado del bienestar con una respuesta sencilla y emocional que encuentra el enemigo extramuros. Ellos y nosotros, como en el auge de los nacionalismos. La prioridad nacional responde, como excusó Mañueco, a un «criterio inspirador», no se sabe si alumbrado por las leyes de Nuremberg o por el manifiesto de la raza, en el que se tendrá atención al «arraigo real y verificable». El manoseo de los términos esconde una operación de propaganda que concede a Vox el peligroso triunfo del discurso, aunque con una efectividad de las medidas discriminatorias limitada por la ley, mientras el PP reparte las cartas. El acuerdo, que incluye un festival de inversiones en infraestructuras que dependen del Gobierno como si mandaran ya en Moncloa, no pasa de un documento adornado con demagogia que obvia que la prioridad aquí reside en la despoblación. Andamos como para elegir quién viene a trabajar para que no se marchen los que quedan.