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SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS

Arturo Pereira

Arturo Pereira

Ciberzombilandia

Todo lo esencialmente humano requiere tiempo como el buen vino

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La visita del Santo Padre León XIV puede ser seguida a través de un hilo conductor que es su encíclica —Magnifica humanitas— publicada en España pocos días antes. Sus discursos recogen la esencia del documento. Me atrevería a afirmar que aborda de forma clara y precisa los principales temas que preocupan hoy a la sociedad.

Su formación matemática además de filosófica y teológica contribuyen a la radical nitidez de sus exposiciones tanto orales como escritas. Además, características aderezadas con una serenidad que se percibe en su estilo sosegado y cadencioso. No estamos precisamente ante un aficionado y eso lo hemos percibido todos. Sus continuas referencias al peligro que representan para la humanidad las nuevas tecnologías, colocan en el epicentro de su pensamiento la preservación del ser humano tal y como lo ha creado Dios. Sin grandes alardes intelectuales, no deja lugar a dudas de que la humanidad ha sido creada con unos parámetros de grandeza y limitaciones. También ha dejado claro que, el reconocimiento de la amenaza no significa una oposición al desarrollo tecnológico en armonía con nuestra naturaleza y sentido transcendente de nuestra vida llena de gozos y sufrimientos. El creador no puede ser dominado por lo creado, la tecnología no puede imponerse al ser humano acabando definitivamente con su humanidad. Byung-Chul Han afirma que el mundo terreno está siendo sustituido por el orden digital. Considera que el ser humano ya no es un Dasein, un ser, se está alejando del ser; simplemente es una acumulación sin fin de datos. Si esto lo unimos a corrientes de pensamiento como el transhumanismo y poshumanismo, podemos concluir que en breve podríamos convertirnos en cíborgs del ciberespacio o lo que es lo mismo en ciberzombies. La amenaza de las nuevas tecnologías, especialmente de la inteligencia artificial, radica no tanto en sus capacidades como en la voluntad de sus creadores. Pensadas y desarrolladas con una base moral fundada en el bien común, con transparencia y manteniendo en el epicentro de todo algoritmo al ser humano, pueden ser de gran ayuda para superar desafíos que quizás todavía no nos hayamos imaginado. La conclusión es obvia, la amenaza no viene de la tecnología. La amenaza para la humanidad sigue siendo la propia humanidad que es predadora de sí misma. Como un zombi está devorando con un hambre insaciable todo aquello que es profundamente humano. Nuestro filósofo coreano anteriormente citado dice que todo lo que estabiliza la vida humana requiere tiempo. Totalmente de acuerdo; compromiso, confianza, serenidad, sabiduría… y así podríamos seguir páginas y páginas, requieren como el buen vino tiempo acompañado por los arrullos de los vaivenes de la vida. Todo parece indicar que la tecnología que estamos poniendo en el mercado, que a esto estamos reduciendo nuestra existencia, podría convertirse en la gran destructora del tiempo y del espacio. Todo debe ser inmediato, sin reflexión ni cadencia; las distancias desaparecen o se reducen. La ecuación espacio-tiempo parece quedarse obsoleta. En el mundo futuro virtual no hay lugar para ellos. Un nuevo Leviatán sustituirá al de Hobbes, solo que en esta ocasión no habrá contrato social entre los seres humanos porque no tendrán libertad a la que renunciar en beneficio del bien común y su seguridad. No necesitan libertad porque habrán perdido todo vestigio de humanidad. Frente a escenarios futuros como el descrito, el Santo Padre nos ofrece un camino, el de reconocernos depositarios de una gran dignidad única, precisamente nuestra humanidad haciéndola realidad en la caridad con los más necesitados. Con esta simple actitud estaremos a salvo de cualquier amenaza. Fácil y a la vez difícil, hemos demostrado en reiteradas ocasiones nuestra incapacidad para cuidar unos de los otros.

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