FUERA DE JUEGO
Si el patrimonio se hace barricada
La situación de Puente Castro, con el bloqueo de la apertura de un vial de comunicación clave para la ciudad por unos restos arqueológicos, no es algo insólito. Sirve de ejemplo del conflicto que se genera por la preservación del patrimonio empujando las cosas a la vía muerta. En el centro de León hay más casos sobre cómo se acaba en situaciones de penoso abandono cuando se entremezclan mal los asuntos. La herencia cultural merece una conservación y, lo que es más importante, una puesta en valor real.
Pero no todo tiene la misma importancia ni todo debe mantenerse, porque entonces se bloquearían las cosas. El patrimonio es un arma demasiado barata para convertirse en arrojadiza, y como este tipo de choques entre el futuro y el pasado duran excesivos años, se llegan a intercambiar los papeles los partidos políticos cuando se produce una alternancia en el poder.
Lo peor que puede ocurrir es lo que ha sucedido en Puente Castro. Allí, el yacimiento romano permanece abandonado. Ni se hizo la calle, ni se le buscó itinerario alternativo, ni tampoco se investigó y excavó adecuadamente el llamado Ad Legionem. Entre todos lo mataron y él sólo se murió. Los restos, que dicen los expertos que tienen valor, se transformaron en una barricada que impide cualquier avance. La mejor disculpa para no hacer nada que se puede otorgar a las administraciones.
León y toda su provincia han perdido elementos relevantes por una gestión calamitosa. No es justo revisar el pasado con planteamientos del presente, aunque parece admisible que se demolieron demasiadas cosas por ese afán desmedido de progreso. Pero también debe escucharse a los que piden mesura y criterio profesional a la hora de decidir en qué se gasta para valorizar bien las cosas. Los recursos son limitados.
En la exposición sobre el legado de las Agustinas Recoletas, que permanece en Palat del Rey, se observan los efectos devastadores de las sucesivas acciones desamortizadoras y de exclaustración. En las fotos se ven los conventos de la calle del Cid, de la plaza de Santo Domingo o el instituto de Ramón y Cajal que fueron arrasados.
El problema no tiene fácil solución. Pero es demasiado tentador enredar... o más sencillo quizá no hacer nada...