Diario de León

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Que el señor Panza, don Sancho, fue el primer tuitero de la historia de nuestra literatura queda fuera de toda duda. Se le aventaban en la oreja de calle a Cevantes concisos saberes populares cifrados en menos de 280 caracteres (y le sobraban 200) para devolvérselos al pueblo por su boca y que se los espetara cada poco a su señor don Quijote para sulfurarle con tanta filosofía simplísima y pareada. Refranes tengo y así me vengo, podía pensar Sancho ante la prosapia y retórica que lucía su señor. Porque Sancho no filosofaba, no alcanzaba; lo hizo antes el vulgo a quien escuchó esos saberes, esas píldoras sentenciosas y rodadas que no exigían mucha ocurrencia el recetarlas, sino sentido de la oportunidad, Refranes vendo que para no mí no tengo.

Como homenaje a Sancho nos trajo Sócrates al corrillo una riestra de ellos referidos al campo y al oficio del ilustre escudero, sentencias de burros y ganao por lo común. ¿Qué os sugiere este, nos dijo?: Coces de burra amor son para el pollino... ¿violencia de género invertida con el agravante de complacencia masoquista?... Quien nace para burro del cielo le cae la albarda (Octavito y yo nos dijimos resignadamente ¿tanto se no nota?). A quien no sabe de vacas la boñiga le embiste, y sólo dos no vieron a Pedro Sánchez en los corrales de la plaza que están junto al patio de caballos y, un poco más allá, el desolladero. Entre bueyes no hay cornadas (véanse las comisiones parlamentarias haciéndose cosquillas con la corrupción). Más puede negar un asno que probar un filósofo (tate, Feijóo), Muerto el perro, el gato ladra (mira tú quién ladra aquí por León ahora), No hay tonto a pie que no sea listo a caballo (caballo: coche opficial). El que por gusto es buey hasta el yugo lame (¿qué apuestas a que en este país de mansos y chotos del cachopo se volverá a votar a nuevos corruptos porque los viejos cansan?). A bicho que no conozcas nunca le pises el rabo... y a refrán que tú no entiendas en su punto nunca le pongas a trabajar. Sócrates siguió con su riestra. Y Peláez, convencido aún más de que el refranero es buen atajo para reír limpiamente.

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