CUERPO A TIERRA
Infoveraz
El conocimiento no es algo fijo; el científico, que es el más serio y contrastado, está sujeto a evolución y cambio; la información, cuya naturaleza es perentoria, se nos sirve demasiadas veces filtrada por cedazos que la desvirtúan a conveniencia de la ideología del emisor, sesgada y hasta cercenada para que nos llegue lo que se considera conveniente. No hace falta ir muy atrás para encontrar ejemplos: por estas fechas del pasado verano se nos avisó de que se acercaba una tormenta con polvo de arena del desierto, pero no de que en esa calima subsahariana venían isótopos radiactivos de plutonio y cesio, saludables solo en complejos tratamientos médicos.
Sucede que a diario se nos escamotea información que desde las altas instancias de los gobiernos se considera como potencialmente subversiva, alimentando así las teorías conspiranoicas, que en cada comunicación sesgada encuentran combustible para mantener encendida la hoguera de los disparates. Una de las últimas llamaradas la prendió un personaje mediático al relacionar con total insensatez el uso de cremas solares con el cáncer de piel. Un experto le contestó por la vía irónica: «en cuanto la gente comienza a comer helados, los tiburones empiezan a atacar a las personas como locos». Habría sido mucho más universal con picaduras de mosquitos, pero su metáfora fue alegre y estival como corresponde a la estación. Respondía con una falacia de correlación a otra, al «con esto, por tanto a causa de esto», que es una falla lógica por ignorar variables mucho más probables.
Aumentan los programas televisivos de tintes amarillistas, que fomentan las sospechas sobre cualquier asunto sobre el que se nos veta una información veraz o la que se administra resulta demasiado escasa. Sucedió con las vacunas y los muertos en la pandemia: mientras lo segundo tal vez tuvo un pase por la razón de no crear pánico en una situación de alarma global, que no se hiciese una profusa divulgación sobre las bondades y características de cada una de las diferentes vacunas solo cabe explicarlo por los tejemanejes en que se enfangaron algunos gobernantes inmorales, dispuestos a hacerse ricos a costa de la salud ajena. El asunto es que todavía hay quienes piensan que está muriéndose gente que no se había muerto nunca y que la culpa es de aquellas salvíficas vacunas.