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Si miro hacia atrás puedo recordar los veranos cuando todo se detenía, y era más fácil encontrarte con el Yeti por Ordoño que una noticia noticiable; pero estas finalmente siempre aparecían, pues la condición humana es la que es. Sin embargo, una columna de opinión no debe ser una ensalada de asuntos; y tres son ya bacanal. Lo ideal es tema y subtema. Tras casi 40 años escribiendo Al Trasluz, esta sección es ya mi propia Las Edades del Hombre. En una de las primeras columnas afirme: «la errata es la almorrana del periodista. ¡Para mí que es del Barça!». Una ordinariez, aún no sé cómo pude escribirlo. No es que tenga buena memoria —debió de ser en 1987 o en 1988—, simplemente, muchos años después un día apareció metida dentro de un libro. Qué vergüenza. Ahora habría escrito «hemorroide». En efecto, uno escribe según su edad, pero tu impronta no cambia; ahí están tus temas, a los que vuelves siempre. Y quizá alguien te diga un día, como proclama Gretchen Peters en una balada, versionando a Newbury: «Nunca supiste lo acertado que estabas/ la noche que escribiste esa canción». Si alguien necesita una sonrisa, un gag malo en tu columna puede servir, ¿no? Todo es misterioso, pero también evidente. Nunca sabes. Mientras escribo esto, Marta asoma la cabeza y pregunta: «¿Tienes tema?». Esa es la pregunta más frecuente en mi casa, seguida de la mía «¿Has visto mis gafas?». Afirmo con la cabeza, y ella remata: «Si hay tema, estamos salvados». El amor conyugal es compatible con el cachondeín, nunca he comprendido porque Enrique VIII salía tan circunspecto en los retratos. Compartir colchón con la musa tiene más ventajas que inconvenientes. Hasta ahí sé.

Pero hoy aparto de mi teclado los temas graves: la violencia machista, la corrupción política y las guerras, la imposible vivienda, el periodismo del odio o el del baboseo… Queda mucho verano, y por desgracia no caducan. Hasta ahí también sé.

Sin embargo, hoy este juglar de columnas firmaría porque dentro de unos años, en la residencia de ancianos, usted me diga como en la canción: «Nunca supiste lo acertado que estabas/ cuando escribiste esa columna». Y que el audífono me funcione, para poder escuchar y sonreír agradecido. ¡Ah, la vida!