CORNADA DE LOBO
Manolín, grande
Qué gigante puede ser a veces un diminutivo y cuánta grandeza cabe en un Manolín si así lo brinda la cordial horizontalidad que nos estableció siempre en el trato Manuel B. García Álvarez, un sabio en leyes y perpetuo explorador de las reglas del corazón, de los pulsos de la tierra, de la tribu, del país y su gobernarse. Nos ha dejado, bien cumplida su misión (con María José de veladora y garantía), sus afanes y seguramente no pocos de sus sueños, como pudo serlo el verse becado en la universidad de Harvard. Y se va sin pedir lo que se le debe acto seguido a su honra bien ganada, junto a la gratitud comunitaria hacia quien desempeñó, estrenando esa función, las tareas del Procurador del Común, defensor del pueblo más de una década, palabra que él siempre pronució con una gran mayúscula que quizá en la voz no se aprecie, Pueblo, pero que el corazón la agranda si en la cabeza gobierna un compromiso con la gente y su destino, una lucha política por su dignidad y una obligación académica para escriturar en ley la soberanía popular, ese gran principio de la gobernación de un país... «nosotros, el pueblo», razón en la que era docto y que le llevó a ser invitado como consultor en la redacción de la nueva constitución de la Federación Rusa cuando Boris Yeltsin abría la senda del olvido a la Unión Soviética. Y ahí nuestro Manuel, tan leonés como asturiano de origen, sentó cátedra como lo hizo en los estudios de las constituciones socialistas europeas, cátedra de Derecho Constitucional en esta universidad en cuyas paredes rebota aún el eco de su magisterio, cátedra en la charla informal ante un café, cátedra comprometida con aquellos a los que desampara la ley, el poder o el manotazo institucional... y cátedra literaria, además, si su pluma derrotaba hacia los campos de la creación narradora y de la fábula que nos duerme en el camino de cada cual y en la verdad de sitios y cosas. Ahí están pidiendo nueva lectura sus «Veladas de la Casa Rectoral», «Cuentos de la Meseta», «Últimas veladas de la Casa Rectoral», «Reencuentros», «Un dulce vagar», «La ribera del Bernesga»... Adiós, querido don Manuel y entrañable Manolín.