Diario de León

CANTO RODADO

De Ana Orantes a Laura Cruz

El machismo impregna nuestras vidas por una hegemonía masculina que teme y rechaza la libertad de las mujeres

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Se van a cumplir 30 años desde que el asesinato de Ana Orantes, quemada viva por su exmarido, con quien la justicia le obligó a compartir vivienda, y no se puede decir que no hayamos avanzado. Pero hay días en que se hace difícil, casi imposible, ver los logros de una ley de violencia de violencia de género pionera. Sabemos que hubo y un antes y un después del asesinato de Ana Orantes, una ama de casa de Cúllar Vega (Granada) que, en 1997, que tuvo el coraje de denunciar su situación en la televisión y le costó la vida.

 Fue una muerte anunciada. Ella lo sabía. Y lo advirtió. Y el caso es que tres décadas después nos encontramos con un caso en el que se repiten los patrones y el estupor. Laura Cruz, guardia civil de 50 años y madre de tres jóvenes, fue asesinada de un tiro por su exmarido en la casa cuartel de la Guardia Civil de Llanes. 

Para mayor escarnio de las víctimas, Laura había estado en el sistema Viogen pero un juzgado decidió que «su integridad física» no corría riesgo. El asesino, también guardia civil, estaba destinado en un cuartel de la Guardia Civil de Zamora y no tenía arma reglamentaria, pero Laura temía por su vida y la de su hijo e hijas. Y, lamentablemente, tenía razón.

El caso de esta nueva víctima mortal de violencia machista —son 1.374 desde 2003 sin contar otros feminicidios fuera de la pareja— nos pone ante una realidad muy dura: ninguna mujer está libre de violencia y no hay ningún lugar seguro. Y no porque haya fallado la ley. No nos distraigan con zarandajas ultramontanas.

 Ha fallado el sistema y el sistema es una maquinaria que mueven personas, políticos y políticas, profesionales de la justicia, de las fuerzas del orden, la abogacía, la medicina, el trabajo social, el periodismo.. y un largo etcétera hasta llegar a la propia ciudadanía.

Los asesinatos machistas son la trágica punta del iceberg de todas las violencias cotidianas. Esas que empiezan por un chiste y acaban en tiros o a navajazos, si es que la mujer ‘aguanta’ y no se quita la vida.

El problema no es la ley. Es que no se la creen. La libertad de las mujeres causa miedo, pavor, en muchos hombres y también en mujeres. Los patrones de hegemonia masculina, de ver a las mujeres cmo intrusas en los espacios de poder, no asimilar que son dueñas de su destino con o sin pareja o que las mujeres no quitan derechos a los hombres están la raíz. Los cursillos de 15 horas que dan a los jueces y fiscales se han convertido en un mero formalismo. El sistema Viogen se aplica con un cuestionario viciado que, como estamos viendo en demasiadas ocasiones, no protege a las víctimas.

El machismo impregna nuestras vidas y eso no lo cambia una ley si no hay conductas ejemplares de quienes tienen el deber de hacer cumplirla. No podemos tener dos caras ante el machismo y la violencia la que niega ninguneando o culpando a las víctimas y justificando a los agresores con la cantinela de que era un agente ejemplar con su perro o llevaba años sin ver a sus hijos, y la que se coloca en la foto de la condena. Entre Ana Orantes y Laura Cruz algo ha cambiado y no lo parece.

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