CUERPO A TIERRA
Chorradas tibetanas
Puestos a creer en mundos de fantasía, al genio de la lámpara uno solo le pediría un deseo para la ciudad de todos. Calles que sean calles, simples lugares de paso, con calzadas para los automóviles y aceras para los peatones, sin ínfulas teleológicas, que es otorgar fines o intenciones últimas a las cosas que no son más que cosas. Esas que se pretende que haya tras las peatonalizaciones vienen todas en la biblia 2030, que compendia el canon pijoprogre para el siglo veintiuno. ¿Hay algo más estúpido que pretender poner una calle al servicio de una ideología? Pues en esas estamos. En parte de Europa, que a uno no le importa demasiado, y en León, que sí, ahora adoctrinamos a inanimados. En nuestra pequeña ciudad algún cerebro privilegiado ha decidido que la forma de terminar con los problemas de tráfico es suspender el tráfico. Algo así como luchar contra los impagos eliminando el dinero, ahorrar energía yendo sin corbata y demás chorradas de cuenco tibetano. Pijadas de despacho. Dictadas desde la lejanía de unas acolchadas alfombras, sin saber el precio de un café ni hablar con la gente, y, lo que es peor, desconectados de la realidad. Legislan leyes de pesca ingenieros que no han pisado un río en su vida y ordenanzas animalísticas diputados que van al zoo. Tenemos suerte si lo que luego pasa no es lo peor que podría pasar.
Porque los malos humos o la contaminación automovilística, seamos serios, no se combaten con almendritas reservadas ni con guetos de tráfico rodado en el centro de las ciudades. Simplemente se desplazan a los barrios circundantes y, como el aire carece de fronteras, está a expensas de cualquier viento. Así que menos cuentos, caperucita. La razón oculta tras estas teorizaciones de maestro Ciruela quizá esté en limpiar los centros urbanos, echando del cogollito la vida ciudadana corriente, generando así un espacio para el turismo y la hostelería. «Ciudades más inteligentes y verdes» es uno de los postulados de la catequesis «5 pes» de la oligarquía 2030. Ya saben: personas, prosperidad, planeta, participación colectiva y paz mundial. Todo un programa de mínimos que firmaría el que asó la manteca. Ciudades más inteligentes y verdes, dicen: pasillos entre bares, zonas reservadas para el consumo, caminitos que el tiempo no borre para ir de una terraza a otra.