AL TRASLUZ
Todos frikis
Leo que un grupo de jóvenes leoneses ha sacado una revista para frikis, con el título de Amalgama y que la presentaron en la librería Elektra. Haberlos haylos, y bastaría con que uno de cada tres se suscribiese para que la revista tuviera garantizada la existencia hasta el siglo XXIII, si es que la inteligencia esa ha dejado un humano vivo. Todos somos frikis de algo — o de algos ,que diría Sancho-. El término está aceptado por la RAE y se aplica a alguien que lleva sus gustos y el coleccionismo hasta lo extravagante. Desde hace mucho, ha perdido el matiz peyorativo que inicialmente tuvo. Un friki es alguien que se ducha con paraguas porque le gusta «Cantando bajo la lluvia». O quien tiene un millón de pitufos de goma. O quien se declara vestido de ninja (y ella, de Pipi Calzaslargas). O quien se aprende los créditos de las películas de ciencia ficción, convencido de que contienen mensajes cifrados de extraterrestres. En fin, friki es Superman, por ir al tajo disfrazado de Clark Klent. Lo importante es de qué lo eres. Porque, digámoslo ya, hay frikis buenos y frikis del lado oscurísimo; estos son menos, pero peores. Ahí tienen al de la corbata pimiento morrón, o a la inteligencia esa que puede matarnos a todos. Mucho mejor, los buenos. Vale, lo confieso: tengo como un tesoro unas coletas postizas de Willie Nelson. Y ya ven, mi hijo no está interesado en heredarlas.
Sí, siempre hubo frikis buenos. El leonés Gordón Ordás, presidente del Gobierno de la República en el Exilio, puso a sus descendientes los nombres de personajes de las óperas de Wagner. Y hasta tengo un amigo que como no le dejaron poner a su hijo Gol le puso David, por aproximación bíblica.
Un friki es un fan desatado, pero en pacífico. ¿Qué hay de malo en ello? Son de corazón alegre. Hace años, para aficionar a unos jóvenes a Tolkien organicé una cena tolkiniana, alrededor de una gran pizza con forma de Tierra Media, y todos ellos lo recuerdan hoy como una vivencia inolvidable. Y como el frikismo no se oculta aquí van los nombres del equipo de Amalgama: Samuel Grande, Aníbal de las Heras, Helio Ameijide, Gabriel García y Manuel Sánchez. Mucho éxito, chicos. Y si os sobran unos pies peludos de hobbit acordaos de mí.