CORNADA DE LOBO
Ahí va Dios
Merecíamos un asteroide que nos viniera del espacio exterior por sobrar méritos para una extinción masiva y resulta que lo teníamos en casa. Desertando de sus puestos en la IA, dicen jefes y técnicos que es mucho peor de lo que fue la bomba atómica en su día y que podría destruir a la humanidad. Y el Dios que Nietzsche anunció haber muerto era un ¡viva Dios que nunca muere y, si muere, resucita!, porque ya lo está haciendo vestido de IA, a la que tendremos que llamar IC, Inteligencia Celestial, pues vendrá de ese cielo que en la Biblia hacía llover azufre hirviendo sobre los idólatras y pérfidos, dejando a filisteos y babilonios hechos brocheta moruna y a las mujeres chismosas estatua de sal. Por de pronto, la IA ya petardeó el lunes las Bolsas internacionales, mientras Trump, encantado de ser el portero de cualquier apocalipsis, aseguró que hay una conspiración enfermiza contra la IA, esa a la que él apuesta todas las fichas en su ruleta mental echándole carreras a los chinos que, a su vez, están cagándose en sus muertos por creer que los americanos les están robando tecnología, trampeándoles la investigación y saboteando horizontes... pero no lo dudéis, cuando la IA sea Dios, será un Dios amarillo y con los ojos rasgados para que sientas que sospecha cada vez que te mire.
Las noticias que corren sobre la IA aterran. No queremos creerlas, incluso hacemos bromas seguros de que la ciencia la tiene embridada, pero los que saben de esto se rilan patas abajo porque no está lejos, dicen, el día en que la IA podría hacerse con el control del sistema nervioso planetario. Lo del Gran Hermano era una broma; hé aquí el Gran Cerebro, el dios omnisciente, omnipotente, omnipresente... y cuando le veamos venir y pasar cerca, caeremos de rodillas, besaremos el suelo cerrando los ojos para no deslumbrarnos y exclamaremos ¡ahí va Dios! para que lo oiga, para que se vea adorado desde nuestra humildad esclava y no nos fulmine con una descarga de diez mil voltios, que es lo que respira ese monstruo junto a la gigantesca cantidad de agua que necesita para funcionar y mearnos toda esperanza.