Diario de León

HOJAS DE CHOPO

Alfonso García

Alfonso García

Orfandad política

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Dicen los que saben de esto que los aplausos en el Comité Federal tienen poca o ninguna repercusión. Los aplausos y los votos están en la calle y como los socialistas cada vez están más alejados de la calle y del sentir popular, están a punto de entrar en una larga travesía del desierto si antes no cambian radicalmente de actitudes y asientan la doctrina del socialismo de los nuevos tiempos que parece hayan olvidado y no pocos desconocer absolutamente. Hasta es posible entrar en cierta relativa irrelevancia y dedicarse a afeitar huevos de avestruz, metáfora que se identifica con la prédica en el desierto. Y es que los aupados al poder en sus diversos ámbitos responden más al concepto de aplaudidores y batidores de palmas que de méritos, salvo el insulto fácil al contrario entrando en su propio juego. Curiosamente esta caída anunciada se debe muchísimo más a deméritos propios que a méritos ajenos. O sea, que le zumba el higo. Hasta persiguen a los suyos si no entran en el grupo de los que aplauden. Las vergonzosas guerras intestinas y maniqueas, con maniobras sibilinas. Y a las pruebas… La pela es la pela y se matan por sueldos escandalosos e insultantes. Sobran ejemplos. Y se desprende que en infinidad de casos es lo único importante. Parece que han creado una red de oficinas de colocación, con invención incluso de nuevos y curiosos puestos. Que nadie de los suyos quede desamparado. No vale aquí tampoco recurrir al «y tú, más» ni al sentimiento de sentirse perseguidos siguiendo la teoría de la conspiración. La desconexión de la realidad, encerrados en jaulas de cristal con florecitas. Dejadez, inoperancia, palabrería, más preocupados por la imagen que por la eficacia, creyéndose en muchos casos adalides, inventores y únicos ejercientes de la democracia. Adalides sin principios a veces, que «la democracia —lo escribió el reconocido ensayista italiano Antonio Scurati— no es inherente, ha de adquirirse». Algunos de estos predicadores de bajura llegan a pensar democrático el indulto por corrupción, con la que está cayendo. «Vivimos en un momento histórico —afirma el propio Scurati— en el que la política del miedo prevalece sobre la política de la esperanza», se mire a donde se mire.

Esto y más hace que pierdan votantes permanentemente, puesto que un alto porcentaje siente estar viviendo una notable orfandad política, en desacuerdo a unos ideales que no se cumplen. Los dirigentes, erre que erre, en los límites del pijismo de los nuevos ricos, con tantas ideologías (mejor, actitudes) como intereses: carecen de la corriente que sustente la columna vertebral. Los errores propios se convierten en una especie de relativismo ético y político que está fuera de los auténticos parámetros socialistas. Esto da origen a que un nutrido grupo de los instalados ni escucha, ni quiere escuchar ni sabe hacerlo, ni siquiera a quienes sustentan opiniones razonadas, no solo a los opinadores de cabecera que se matan por hacer blanco el verde. Ni elegancia, ni carisma, ni preparación suficiente en tantísimos casos, con lo cual muchos posibles votantes no se sienten representados por estos aplaudidores, que no todos sirven para todo (concejal de obras, ministro de sanidad, senador, delegado del gobierno, portavoz en cualquier parlamento, consejero de causas perdidas y nunca encontradas, etc., etc.), y los desembarcos y la práctica confirman sonados batacazos. Y los que quedan: es fácil que ni siquiera algunos sean capaces de representarse a sí mismos aunque pretendan el don de la ubicuidad. La coherencia es de obligada necesidad en toda organización que se precie, para evitar la progresiva presencia de errores y, como consecuencia, imposiciones irracionales e incomprensibles. La democracia se ejerce, nadie puede apropiarse de ella.

Como no hay peor ciego que el que no quiere ver, las advertencias, vengan de donde y de quien vengan, es bueno someterlas a los filtros de la autocrítica y del análisis alejado de las tentaciones de la soberbia. Hay muchísimo que corregir, muchas ideas que plantear, tantos planteamientos que limar no tanto por los aplaudidores que desaparecen de la escena cuando no se les da cancha o se los acaba el momio, sino por los miles y miles de ciudadanos que son conscientes de la necesidad de un socialismo transparente, sólido y eficaz en el panorama sociopolítico de este país. De verdad. Renovado de forma radical y al servicio de la utilidad común. No se puede desembarcar en los territorios —y la muestra es amplia y ejemplar— sin méritos, sin carisma, creyéndose ungidos por el supremo. No son estos buenos tiempos para milagros. Es verdad, sin embargo, que, al margen de estas sombras apuntadas, muchas, el socialismo español ha sido artífice de muy notables progresos para los habitantes del país. Ahora también causa de crecimientos extremos, que tanto critican. Claro. Pero es que se olvidan de la historia.

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