LA SEMANA POLÍTICA QUE EMPIEZA
Sánchez hace las Américas

El viaje que Pedro Sánchez emprende a Nueva York esta semana, para asistir a la Asamblea general de la ONU, es sin duda el más importante y significativo de los ocho que ha realizado con este motivo, y no precisamente solo porque probablemente vaya a ser el último. Sánchez, que compartirá un acto central con el izquierdista alcalde neoyorquino, Zohran Mamdani, llega a las Naciones Unidas considerado como uno de los pocos personajes mundiales que, desde una sedicente izquierda, ha plantado cara —bien que tímidamente— a Trump y a la ultraderecha europea. Pero llega también en medio de una intensa soledad, porque ya tampoco, por mucho que presida la inoperante Internacional Socialista, es un referente único e inequívoco de la izquierda mundial. Entre otras cosas, porque tampoco ha podido englobar en su Gobierno de coalición todas las sensibilidades del progresismo español: véase el lío en el que Sumar (y la propia Podemos) están sumidas respecto de sus liderazgos, lo cual afecta directamente también al socialismo hispano. Además, otras figuras socialdemócratas, o de centro-izquierda, emergentes, como la del canadiense Mark Carney, que se ha erigido ahora en referente de la actualidad mundial, máxime con su alianza con la UE, o la danesa Frederiksen, en la negociación sobre Groenlandia, están ocupando el protagonismo en el enfrentamiento ‘cauto’ a Trump. Un Trump desatado incluso en cuestiones como la regulación ‘casera’ de la Inteligencia Artificial. Que, por cierto, debería ser, y no será, cuestión central en las deliberaciones de la Asamblea General. Cierto que Sánchez tiene mucha mejor ‘prensa’ fuera de España que dentro; pero también es verdad el pasmo que el ‘desgobierno’ español genera en la Unión Europea. Como es verdad la distancia con muchos mandatarios latinoamericanos —que a saber si acudirán o no a la próxima ‘cumbre’ iberoamericana en Madrid; supongo que invitará a esta ‘cumbre’ a la costarricense Grynspan, probable nueva secretaria general de las Naciones Unidas, a la que conoce bien-. Y, claro, ahí está la omnipresente pesadilla del ‘fiel’ Marruecos, ahora aliado preferente con el enemigo Israel. Sánchez, en sus apariciones públicas y privadas en Nueva York, se va a comportar con un lenguaje de izquierdas, pero, dicen algunos allegados, procurando no herir demasiadas susceptibilidades en la Casa Blanca: y sí, saludará fugazmente a Trump. No le ha ayudado mucho para consolidar su peso internacional la reciente votación en el Europarlamento, en la que los socialistas se desmarcaron de la declaración de apoyo a Ceuta, que es territorio moralmente perdido para el PSOE, y un tema espinoso sobre el que muchos van a preguntar estos días al presidente español. Ceuta, que hasta ha salpicado al intocable jefe del gabinete presidencial, Diego Rubio, no es una espina que uno pueda quitarse sin más al descender del avión en Nueva York. Demasiados errores y despropósitos acumulados. Este es, pienso, el marco general de un viaje que no es, tal y como está el mundo, un viaje cualquiera, de la misma manera que esta edición de la Asamblea General no puede, ya digo, considerarse una más, entre otras cosas porque la ONU está a punto de elegir a un/a nuevo/a mandatario/a (Rebeca Grynspan es, como digo, la que más posibilidades tiene de llegar a secretaría general). Y, para salir de su letargo, la Organización habrá de afrontar nuevos métodos para los nuevos retos, la IA quizá el primero de ellos, aunque la miopía tradicional de la ONU no la haga figurar oficialmente entre sus prioridades.