Diario de León

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En la primera edición de la Fiesta del Pastor abierta al pueblo en 1977 invitamos como figura preeminente y evocadora a la Cofradía de Pastores de Joarilla de las Matas (llamaron mucho la atención con sus atavíos en el colchón del embalse de Los Barrios de Luna entre las quince mil personas que allí acudieron). Joarilla es un pueblo de renombre en lo terracampino del sur leonés donde los rebaños que hoy no se ven allí campaban por vallinas alomadas y rastrojeras. Entonces había pastores. ¿Queda alguno en esa cofradía que cada año reitera sus ritos festivos en honor de la Virgen del Rosario, su patrona?... Conocí este celebrar porque me invitaron en 1975 (¡cuánto ha!) a sumarme y conocer ese jolgorio popular que tenía como seña particular la «danza de las cachas» y otras cosas, como la ronda de «la Chaparrilla» que recorría las calles con posas ante la casa de algún vecino o autoridad largándole coplas de rima ruda adobadas en crítica, picardía y humor del sano (no siempre, que la mordacidad también pide sitio en la sinceridad rústica). Compartí con aquellos cofrades en casa del mayordomo un refrigerio de borrega, ensalada de pimientos en palanganas y bebiendo todos del mismo jarro, lo que nos permitió una fraternidad de babas que no portaron mayor contagio, aunque siempre bebí con algún malabarismo por el borde del asa donde no llegaba el morro de ninguno, asquerosito que es uno. Y volví a casa celebrando que se perpetuara esa tradición pastoril y popular, y asombrándome dos años después de que Hacienda reclamara el pago de obligado tributo a Nuestra Señora del Rosario, a cuyo nombre ponía la cofradía la propiedad de seis ovejas, todo un capital que no se escapaba de las garras fiscales del típico inspector obtuso. No recuerdo cómo se solventó la cosa, pero en la corte celestial no debieron darse por enterados. Lo que hoy, sin embargo, se me despinta de los respetos es la indumentaria que lucen esos cofrades danzantes. Nada que ver con la impedimenta tradicional de los viejos pastores. Se forran con pellejo de oveja hasta las patas y así la cosa queda algo borrega. Las tradiciones son un invento, cierto, pero no tanto.

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