Diario de León
El premio Nobel de literatura William Faulkner

El premio Nobel de literatura William Faulkner

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Este es el título de uno del medio centenar largo de capítulos aparecidos en el libro Literatura insólita, de Armando Requeixo, escrito en gallego y que no estaría nada mal poder gozarlo en castellano para percibir todos los matices. Y es que A. Requeixo, además de escribir muy bien, es un sabio de mil frentes literarios desde la investigación y la enseñanza en la universidad compostelana. A lo largo de los años y sus muchas lecturas fue anotando anécdotas y curiosidades, literatura insólita, en fin, como propuesta de divulgación literaria, tan necesaria y atractiva, y, naturalmente, con una mirada diferente. La propuesta en su conjunto resulta muy variada y deliciosa. Esta, traída muy parcialmente a estas hojas, es un ejemplo, sobre todo para quienes piensan que muchos grandes de la literatura viven o han vivido de ella. Entenderán seguramente que la profesión de escritor da pingües beneficios. La mayoría ha de comer de otro trabajo o profesión.

Un ejemplo paradigmático de escritores con (otra) profesión es William Faulkner: trabajó en la oficina de correos de la Universidad de Misisipi, de donde acabaron despidiéndolo por no atender a su trabajo: decía que lo distraía de la lectura. Ejerció también como trabajador en una planta de energía eléctrica, de lavaplatos en un restaurante, cajero de un club de alterne… El poeta simbolista francés Rimbaud, que se estableció en Etiopía, fue exportador de café, explorador, traficante de armas, al parecer también de esclavos. José Lins do Rego figura, junto a Graciliano Ramos y Jorge Amado, como uno de los novelistas regionalistas más importantes de la literatura brasileña. Considerado en su tiempo un escritor popular y consagrado, ejerció diversos cargos en la Administración, además de su profunda vinculación con el fútbol —uno de los hinchas, cronistas y dirigentes más célebres del Flamengo-, al que ayudó a elevar a la categoría de fenómeno cultural en su país.

Por supuesto, no hay época ni país que no cuente con multitud de ejemplos. No entramos en la legión de españoles que pertenecen a esta categoría, con curiosidades que no se acaban. Algunos más, sin embargo, de reconocidos extranjeros. El mexicano Juan Rulfo, por ejemplo, fue durante muchos años representante de una firma de neumáticos, el uruguayo Juan Carlos Onetti, por su parte, trabajó, entre otras ocupaciones, como portero de una clínica dental, mecánico y vendedor de calculadoras… Dicen que Goethe fue el escritor y pensador más destacado de Alemania. Con él cerramos este recorrido, que Requeixo alarga mucho más. Dice del alemán: «Fue jefe de bomberos, ministro de Exteriores, director y actor de teatro, abogado, pintor, comisario de minas (como su compatriota Novalis, que también fue inspector de minas de sal) e incluso científico (recuérdese que el hueso intermaxilar se llama «hueso de Goethe», por ser quien lo descubrió).

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