EL MIRADOR
Íntimo

Isabel Díaz Ayuso, presidenta Comunidad de Madrid.
«Lo que interesa no lo puedo contar, y lo que puedo contar no interesa», dijo Rubalcaba cuando le preguntaron si iba a escribir sus memorias. Yo, por el contrario, estoy en condiciones de contarlo todo porque llevo una vida aburrida y gloriosamente rutinaria, tanto que mi autobiografía podría llamarse como la de Enrique Menéndez Pelayo, Memorias de uno a quien no sucedió nada.
Eso no quiere decir que no acumule penas, ni que no arrastre el peso de las equivocaciones como una condena. Pero carezco de valor para hurgar en las heridas, algo a lo que muy pocos se atreven. De ahí que, generalmente, las memorias se conviertan en la lejía venida del futuro para blanquear el pasado, para convertir en santos a pecadores y para contar y contarnos una vida dulcificada que se pueda tragar sin demasiados reparos. Se trata de recordar, pero sin hacerse demasiado daño; de confesar, siempre que la confesión no comprometa la reputación.
En esa línea, supongo, estará Íntimo, la autobiografía de Isabel Díaz Ayuso. Digo «supongo» porque aún no se ha publicado, pero igual que hay augures vaticinando los resultados de las elecciones, con ese título y esa portada en posición de recogimiento se adivina por dónde irá el asunto. Básicamente, que ella también es una «persona humana», que diría Rosa Benito. Que su actitud castiza copiada del Pichi, ese chulo que castiga, no es más que una coraza. Que debajo de la provocación, el descaro y la trifulca política, hay una intimidad que merece comprensión. Pero una cosa es mostrarse humana y otra muy distinta utilizar esa humanidad como coartada. «Escribe como si tus padres hubieran muerto», le dijo Philip Roth a un joven Ian McEwan. Escribe tus memorias como si ya estuvieras muerta.