Diario de León
El río Chicago en una imagen de archivo.

El río Chicago en una imagen de archivo.DL

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Dos días de viaje, más dos de congreso. No, no me han fichado los Chicago Bulls. Creí que era la cabecera de un periódico, pero son un equipo de baloncesto. Y sí me atreví a terminar mi ponencia con un gag, sin que por ello se me arrojase al lago Michigan. Sin embargo, renuncié al número de ilusionismo, cortar con una sierra a un ponente, por mucho que allí les guste el espectáculo. Ya en serio: qué felicidad estar dos días conviviendo con la élite del cervantismo estadounidense, bien porque son españoles que ejercen allí la docencia, bien porque son nacidos allí y con el corazón español. El congreso giraba sobre la alegría cervantina, que fue abordada desde distintas perspectivas. Muy bien organizado por la Cervantes Society of America. Por cierto, me sorprendió que me conociesen por mi nombre, y la explicación no era solo porque lo llevase escrito en la tarjeta que llevábamos colgada, sino porque habían visto la presentación online que mi querida Asociación de Cervantistas hizo de mi ensayo sobre la ternura humorística.

Y qué felicidad, contar con la presencia de la leonesa Margarita Merino, desde Tennessee, presidenta de la prestigiosa, Aldeuu. Antes, fuimos juntos al Instituto de Arte de Chicago, pues quería contemplar in situ el cuadro «Halcones nocturnos», de Hopper, con el que inicié —en 1993— en este periódico la serie Doce Cuadros sin piedad, con un bello diseño de Susana Vergara. Con la mirada, Margarita y este juglar de columnas nos adentramos en el café plasmado por este gran pintor estadounidense, porque, como escribió Hemingway, «todos necesitamos un lugar limpio y bien iluminado». Y un ángel llamado Susana.

Me gustan los lugares, pero aún más las personas. No creo en la reencarnación, pero de creer en ella sé que en mis anteriores vidas no he sido Marco Polo o Winnie Fogg. Me conformo con ser escudero de mi mujer. Gracias, Diario de León, por tan generosa información sobre mi Mayflower. Al concluir la ponencia un congresista me preguntó cuál era el origen de mi interés por el humor, y contesté que aunque había elementos innatos y familiares, todo lo he aprendido en mis ya casi 40 años escribiendo esta columna. Gracias a todos. Visto y no visto, pero inolvidable.

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