CORNADA DE LOBO
Las tres K

Una mujer y su hija en los años 50
Qué práctico les resultó aquel lema alemán cifrando los ámbitos que deben ceñir la vida de una mujer. Se le conoce como «las tres K»: Kinder, Küche, Kirche (niños, cocina, iglesia); lo recogía ya un libro editado en 1870, pero en 1911 la feminista americana Charlote Perkins recogía una cuarta k, Kleider (ropa), aunque todo empezó con las cinco k aunadas en «La sabiduría de las calles», editado en 1810: Kammer, Kinder, Küche, Keller, Kleider (alcoba, niños, cocina, bodega, ropa). Y en sólo estos mandamientos debía ser feliz y sentirse realizada la mujer. La continuidad de esa doctrina se impuso aquí por décadas. En 1943 lo explicaba Pilar Primo de Rivera, jefa nacional de la Sección Femenina: «por eso hay que apegar a la mujer con nuestra enseñanza a la labor diaria, al hijo, a la cocina, al ajuar, a la huerta... tenemos que hacer que la mujer encuentre ahí toda su vida y el hombre todo su descanso». ¿Y se abolió tanto disparate después cuando fuimos aquí más civiliados y democráticos?, porque también hoy, si la mujer pide «más espacio», hay hombres e ideologías que sugieren «ampliarle la cocina». Y vuelve ese discurso con imágenes gagás de lírica visual y recetas seductoras en las redes alentado especialmente por el movimiento mujeril de las «trad wives» (esposas tradicionales) que planta bandera en el conservadurismo de Trump y en las derechas nostálgicas de todo lugar... ¡ay, aquello de la mujer con la pata quebrada y en casa!... y así cuaja el antifeminismo en las diestras y en las siniestras viendo que hay cojones con su «por» que ya no mandan nada ante unos ovarios contestones con su «vale, salao». Todo lo cual lleva a una evidencia: un tercio de los varones jóvenes votan hoy ultraderecha antisistema, anarcocapitalista y antifeminista, aunque ese porcentaje desciende notablemente entre las chicas como si dijeran ¡no nos jodáis ahora que la Historia nos ha dado la vez un poquito!... sin embargo, tampoco son pocas las que ven hoy su «carrera» plácidamente ceñida a la cocina, la casa, la crianza... aunque cambiando la iglesia por el gimnasio o el centro de estética buscando un culito duro y respingón para el descanso del guerrero.