Diario de León

CORNADA DE LOBO

Pedro García Trapiello

García Trapiello

Ese perfume

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Convengamos en que casi todos los males nos entran por la boca, las mentiras por la oreja, las dudas por el ojo, los desengaños por el culo y la memoria por la nariz. Interesa hoy esto último. En los olores viene siempre información; mucha; y como casi todos los olores son viejos, traen con ellos recuerdos, momentos de luz, lugares, instantes de emoción o puro asco. Los olores vienen a despertarnos algo. Y el perfume fino, dando sendas a paraísos imaginados o con vuelcos de corazón.

La historia del perfume es fabulosa en el tiempo y en la inmensidad de aromas embriagadores que creó la naturaleza y recreó el perfumista por necesitarse de antiguo una tapadera de los malos olores con que a veces saluda el cuerpo humano. Con mucho incienso, por ejemplo, se disimulaba el olor a chatún y cebolleta podrida que esparcían en el santuario de La Virgen del Camino las viejas anovenarias que no se quitaban ni faldumentos ni mantón para dormir «de pupilo» y hasta en pajares, a lo pobre, paisanas de poco cobre en la faltriquera. Llevo media vida buscando inútilmente dos perfumes concretos con los que se me caerían las bragas: una esencia que pinte el aire con el olor del

dondiego de noche... y otro que te transporte a un cuesto tomillar de solana pedrosilla en sus dos variedades, la del tomillo vulgar y la del rastrero o salsero que se adorna con su plus de brisa limonera. No los veo en perfumerías donde quizá haya otro, el de romero, aunque más sintético que natural; pero sigue siendo melodía su olor; es a lo que huele el pastorcico lindo que encandila a la moza de la canción y del aquí te espero, galán. Porque esta es otra, ¡el sexismo en los perfumes!... ¿por qué ha de haberlos de mujer y de hombre?, ¿qué distingue a los masculinos de los femeninos?, ¿quién les puso fronteras?, ¿qué endorfinas de testosterona pirula van en el «parfum pour homme» o del varondandy al brummel?... Es cosa tan anacrónica como que los botones de camisas, blusas, chaquetas o abrigos vayan en el hombre a la derecha y los de la mujer a la izquierda. Y aquí seguimos en ese erre-que-erre algo idiota.

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