Diario de León

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Ahora que ya se puede subir hasta la cima del Aneto, el pico más alto de los Pirineos, sin pisar el hielo de sus esfumados glaciares; ahora que neveros milenarios se diluyen en los Alpes como «cubito de hielo en un wisky on the rocks» (Sabina canta y aquí le vale); ahora que en el Ártico avanza el deshielo tan deprisa formándose en superficie canales y ríos que nunca existieron; ahora que Arturito Gómez Porche nos voxea la oreja negando todo cambio climático con risa de mandíbula batiente, le ha retado Peláez a subir con él (aunque maldiga su estenosis de canal que le tiraniza las patas) hasta lo alto del puerto de Sancenas, peñas arriba de Genicera, allí donde Paulino el Manco tuvo tantos años chozo antiguo y el careo de pasto de sus rebaños merinos, aquella alta terraza que permite en su cornisa poner el todo León a los pies y en los días transparentes alcanzar a ver los silos de Sahagún. Allí tenía Paulino su frigorífico gratis en toda su estancia de verania y braña agostera, un hoyo o jou a pie de peña de sombra donde el invierno acumulaba algunos carraos de nieve que los calores de agosto jamás lograban fundir del todo, resistiendo hasta abandonar el puerto cuando venía octubre arriciando, de modo que aquella nieve repisada alojaba las bebidas para que su friura nos conjugara en gozo la insuperable caldereta que el gran Paulino bordaba. Pero hace treintaitantos años Paulino frunció el ceño un día, miró a lo alto y reprimió una maldición. No quedaba nada de nieve en el jou y agosto aún no andaba en mediados. Lo dejó pasar como capricho de año atravesao. Pero al año siguiente ocurrió lo mismo. Al otro se arregló algo, aunque después ya ningún año resistió la necesaria neverita, así que dictó sentencia creyendo nosotros que le vencía el malhumor: «Esto está cambiando mucho y palante estará peor; las nieves de hoy ya no son las mismas de no hace tanto; y hasta los pastos pagarán este cambio tan bruto agostándose en Sancenas un mes antes de lo debido; hacedme caso». Y muy poco se lo hicimos cuando aquel día atempranó Paulino lo que aún hoy tardamos en ver y aceptar... ¿lo verá Arturito?... ¿?... aceptarlo, no.

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