lunes. 08.08.2022

Cacerías

El espectáculo valleinclanesco –Valle Inclán siempre quiso ser marquésno cesa, con permanentes escenas de bochorno de personajes que hacen equilibrios entre el poder y el contrapoder pero nos dirigen. O se mantienen en el mando apetitoso de la pasta. Nunca he entendido muy bien esta disyunción del barullo de éticas, estéticas y carpetovenóticas, esta última, sobre todo, condición patria. Marca.

Resulta que la Fiscalía pone en entredicho mediante la imputación a alguno de estos sujetos, eso sí con toda la presunción de inocencia. Algunos responden con rabia infinita a tales circunstancias, refiriendo ser objeto de una terrible cacería política. Parece ser que la cacería es otra distinción de la marca, si no fuera porque hay en tal actitud una puesta en entredicho de la actuación de la justicia, cosa que no se tuvo en cuenta a la hora de pedir dimisiones y depuración de responsabilidades cuando se trataba de “los otros”. Las distintas varas de medir sigue siendo una constante en la historia de nuestra singularidad, como las cacerías. Resulta también que por estas calendas de calores muy subidos de tono se lleva a los espacios de la noticia la bautizada como “Operación Cataluña”. Ni entro ni salgo, que para eso está o debe estar la justicia. Pero llama la atención que, con la noticia recién puesta en circulación, algunos grupos soliciten ya una comisión de investigación en el Congreso. [Oiga, pregunto con la máxima discreción, ¿se cobra por estas comisiones?]. La pregunta entrecorchetada tiene relación previa con dos posibles supuestos: Uno. Si no se enteraron antes del asunto, permitan que siga el cauce iniciado. Dos. Si, como algunos dejan entrever, intuían, sospechaban, sabían… lo que pasaba, deberían ser sancionados por ocultación. Menos faroles, que hay luz de verano.

Todo esto viene a confirmar, una vez más, a mi juicio, que la política camina siempre detrás de la realidad, que tratan de explicar con un lenguaje críptico y desfasado, lleno de tópicos y estructuras repetidas. Dicho de otra forma, no enmierden todo. Sería suficiente con esto. Es poco pedir. Que siempre andan a la gresca, hasta en lo trascendente. Los ciudadanos, que no les interesamos para nada, al margen de tics y guiños, nos convertimos a veces en un marrón. Mientras, se miran al ombligo y descubren que también son redondos. Cómo puede ser posible semejante vulgaridad.

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