martes. 09.08.2022

El relato engaña

A Felipe González habrá que sacarle de los libros de historia. Con la ampliación del franquismo hasta 1983 al mítico presidente socialista toca aplicarle la legislación de la Memoria Histórica. Sólo por mera coherencia. Es el problema de acumular disparate tras disparate en el periplo hacia el precipicio.

El conflicto surge al intentar hacer justicia con los que defendieron la libertad. Pero ahí la cuestión va por barrios. Exigen, los que señalaron con dianas a los terroristas a quién había que matar, que se persiga a los del bando contrario. Y ahí es donde cojea Pedro Sánchez. Se rodea de chusma sin ningún tipo de escrúpulos, sobre los que incluso cabría preguntarse por la idoneidad de su salud mental, para facilitarles el camino en esa especie de rueda de enredos en la que sumergen a la legislación española.

Evidentemente habría sido importante que se persiguiesen los crímenes de Estado en la llamada ‘guerra sucia’ contra ETA. Pero fueron jueces afines al sistema los que lo impidieron, de la mano de unos Parlamentos en los que las llamadas comisiones de investigación fueron bloqueadas o convertidas en equivalentes a platós de televisiones penosas.

La clave de todo pasa al final por el dominio del relato de las cosas. Lo saben bien en La Moncloa, pero se rinden ante todo tipo de gentuza y les dan el altavoz y el poder del BOE. Da igual que a Sánchez le ocurra como al emperador que protagonizaba el cuento en el que le sacaban a la calle sin traje. Lo de la mentira es como lo del ‘comer y rascar’. Dice la sabiduría popular que ‘todo es empezar’. En Andalucía se probó que la huida cobarde apoyándose en la chusma no pasa tan desapercibida como se le hacía creer al emperador desnudo...

En las personas está el poder de elegir. Frente a esos relatos que quieren imponernos la presencia de un neofranquismo que nos envuelve. Resulta un insulto —no de los que lo dicen, más bien de quienes lo avalan— que se cuestione a héroes como el guardia civil que perdió su vida esta semana intentando salvar a un rehén. De la unidad que libró a Ortega Lara. Quizá sea cierto que la normalidad democrática no ha llegado. Y no lo hará hasta que se deje de oír eso de ‘algo habrá hecho’ o ‘cuánto facha’ al ver a un policía.

Otra vez escribí de este asunto y me refería a Javi Seprona. Un amigo de cuando fuimos chavales, que nos ha abandonado por sorpresa, con el que lamentablemente dejamos las cosas en un ‘hasta luego’ desde hace demasiado tiempo.

Su labor sí hizo mejor al mundo...

El relato engaña
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