Diario de León
Publicado por
Alejandro J. Pérez Morán - http://personales.ya.com/evoluciona
León

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Intentaré expresarme con claridad. Veamos, la violencia de Estado en caso de que la hubiere o hubiese es la más rable de las violencias, por la mera y única razón de que un Estado no puede permitirse quebrantar la ley ni delinquir, y menos ampararse en la disculpa o en las leyes para llevarla a cabo. La violencia ejercida por un individuo o grupo de individuos, jamás se ampara en las leyes y por ello puede ser perseguida legalmente. La actuación del Estado, normalmente por orden de los gobernantes con las garantías legales y ejecutada por las fuerzas del orden siempre ha de ser ejemplar, no digo ejemplarizante. No admite disculpas ni circunloquios, ni ningún tipo de manipulación mediática. Un Estado, jamás debe incurrir en el mismo error que lo que pretende evitar. Resumiendo, la proporcionalidad y la justicia han de regir cualquier actuación del Estado con sus ciudadanos. Un insulto no se debe reprimir a palos, habrá que detener al que insulta. Una amenaza no debe criminalizar a un grupo, sino al autor de la misma pero primero habrá que encausarlo. En el Parlamento de este maravilloso país y lo cito con mayúsculas por respeto a la institución, no a sus miembros se profieren insultos mucho peores que los que el pueblo dirige en la calle a sus gobernantes, muchos de esos insultos dirigidos contra el pueblo soberano. Extrañamente, nadie apalea a los señores parlamentarios por proferir tales insultos ni los criminaliza, ni los medios los tachan de locos, terroristas o perroflautas. Los señores que criminalizan al movimiento de indignación o los incidentes de Barcelona. Apoyan a los insurgentes de Libia, que van armados y cuando pillen a Gadafi seguro que lo ahorcarán, con el beneplácito de la OTAN, EEUU, etc. Ya, lo sé, Gadafi no es comparable a nuestros gobernantes o a los parlamentarios catalanes. Pero hasta no hace mucho, hacían negocios con él sin ningún escrúpulo. Mientras Gadafi, Sadam, Mubarak, etc. hicieron de tampón contra la temida hemorragia del movimiento islamista, Occidente los invitaba a su casa a cenar y no los consideraba dictadores. En cuanto explotaron las revueltas del norte de África, los líderes occidentales al ver que la cosa se ponía fea se pusieron de parte de los revoltosos. Ahora tienen la fiesta en el portal de su casa, y pretenden actuar tal y como hicieron los dictadores perseguidos, aunque con el beneplácito de una supuesta legalidad que les otorga el control de los medios. Creo que hay que ser capaz de ver la realidad desde un punto de vista no ideológico o maniqueo. Ser simplemente objetivo.

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