Ojalá
Recientemente, he podido leer en prensa una noticia que me ha llamado poderosamente la atención: 38 de las 62 personas que competían en unas oposiciones para ingresar en el cuerpo de bomberos fueron suspendidos por faltas ortográficas en sus exámenes. Aunque no sorprenda, el dato resulta alarmante y no viene mal una reflexión. Si no mostramos respeto a nuestra lengua materna, la de Cervantes, si no redactamos bien un CV para intentar acceder a un puesto de trabajo, no te tomes la molestia de resaltar en el primer párrafo que estás en posesión del título B1 de Inglés. Abundan ejemplos desde arquitectos a letrados que redactan grandes proyectos o escritos con auténticas “patadas al diccionario”. O de profesores universitarios que entregan temarios que también contienen faltas de ortografía hasta “sangrarte los ojos”, motivo por el cual ya no merecerían estar en un aula frente al alumnado, tratando forzadamente de crear una situación de aparente aprendizaje, para luego suspender un examen a un alumno por ese mismo motivo. A estas alturas, no se puede poner en duda que la condición académica o económica de una persona ni es proporcional a su nivel cultural ni influye en su sed de enriquecimiento, porque el nivel social no enseña a pensar. Estamos ante un fracaso compartido entre la sociedad en general y el sistema educativo en particular, en el profesorado y en el alumnado, unos por la falta de capacidad de motivar en las aulas de forma creativa en cualquiera de sus disciplinas (música, geografía, matemáticas, etc…) y otros por falta de sentido crítico y de referentes culturales, carentes de interés por un mínimo de cultura y conocimientos básicos para la vida. Casos de alumnos que cuestionan a sus profesores diciéndoles que para qué deben estudiar la tabla periódica si van a estudiar “letras” o para qué les interesa conocer quién era Rembrandt si van a estudiar “ciencias”, son claro ejemplo de lo afirmado. Por no decir la sonada frase que todos hemos oído y padecido alguna vez en casa de “no hagas esa carrera, que no tiene salida”. Parece que algunos se empeñan en querer abrir el mundo con la llave equivocada. Hace muy poco escuché a un buen maestro decir que una mente cerrada se conquista con más facilidad que una abierta, porque solamente tiene una puerta, por eso el conocimiento y el pensamiento es lo que realmente te hace libre, tal y como señaló Miguel de Unamuno: “Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe... Sólo la cultura da libertad... No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamiento. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura”. Ojalá nos enseñaran más a pensar y menos a memorizar. Ojalá.