viernes. 01.07.2022

El lobby de la hostelería

Elocuente estuvo ayer en sus declaraciones el ex secretario de CC OO y ex diputado en el Congreso Antonio Gutiérrez, comentando la situación laboral de León. «Los servicios y el turismo cultural no son, en absoluto, suficientes para el futuro de la provincia», dijo. Totalmente cierto, pero es lo que hay. Nuestra economía da para amamantar a los 31.648 asalariados del sector de la restauración. Pero con qué condiciones, amigos... Jornadas laborales interminables; cobrar con meses de retraso, o, directamente, no cobrar; horas nocturnas no remuneradas; cargas de trabajo que se exceden de lo firmado, y en muchos casos, apalabrado —en infinidad de bares el cocinero es la misma persona que el camarero, el friega platos, etc.—; y todo para rozar los mil euros a fin de mes. Por no hablar del trato que reciben algunos trabajadores extranjeros.

 

Resulta tan poderoso el lobby de la hostelería en León que, si a un tipo le quitan el porsche —a orden de la URE (Unidad de Recaudación Ejecutiva)— por deber más de 6.000 euros a la Tesorería General de la Seguridad Social, el coche no duró ni media hora en el depósito. Resulta tan poderoso que en el casco histórico de León hay una lista interminable de bares, a la que parece imposible acceder, incluso para los periodistas, que deben dinero a sus empleados. Uno se hizo especialmente famoso por repartir viajes gratis, vía sorteo con fuegos artificiales incluidos. Dicho pub se permitió echar el cierre debiendo sueldos a casi toda la plantilla. Afortunados los dos DJ’s que sí recibieron sus honorarios. A una chiquita que aguantó cuatro meses le debe 1.100 euros todavía. ¿Saben qué le dijo el dueño? Que si no hubiera sido tan bocazas ya se lo habría dado. Resulta tan poderoso que hasta los altos cargos de la Asociación de Hostelería y Turismo de León reconocen la existencia de estos «jetas» que incluso «se jactan de no pagar a sus empleados». Resulta tan poderoso que pueden mantener su garito abierto, funcionando y con público, a golpe de caja, mientras quienes les han demandado para reclamar lo que es suyo están pasando penurias para llegar a fin de mes.

 

He oído, como argumento, que la gente a veces continúa en el negocio cuando no puede cumplir con sus obligaciones: pagar a proveedores, trabajadores, seguridad social... Seguro que es el caso de gente honrada que apostó por una forma de vida y le salió mal. Seguro que también hay ejemplos numerosos de locales que hacen las cosas bien y tienen a sus trabajadores contentos, motivados. Pero en los otros casos, el lobby de la hostelería resiste a las denuncias de quienes intentan enfrentarse a ellos, que al final aceptan el peor acuerdo de reconciliación posible, porque viven «absolutamente acojonados en una encrucijada» y lo único que desean es «terminar con toda esa agonía».

El lobby de la hostelería
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