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El problema del consumo de alcohol es un conflicto que debe estar presente en las prioridades de la sociedad. Y de manera especial se tiene que evitar que los menores tengan acceso. Parece claro que las cosas no se hacen bien sólo con revisar las estadísticas o acercarse a espacios públicos en los que los botellones se han convertido en una práctica continuada. Probablemente es necesaria una ley que ponga orden en el asunto. Sin duda, los pasos dados con el tabaco —que también fueron muy polémicos en su origen— han funcionado al menos para evitar que las personas sufran el humo de otros. Quedaría la duda del impacto real en los jóvenes y si se está logrando frenar el número de los que se inician en ese vicio tan nocivo. En el caso del alcohol la nueva norma del Gobierno arranca marcada por una dura polémica. De nuevo son los hosteleros los penalizados. No son los únicos que ponen en duda que evitando la publicidad de las bebidas en las terrazas se vaya a lograr un efecto que compense tanta penalización económica al sector.