Diario de León

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Las goteras ponen en entredicho las obras de la estación de Renfe, que nació como una obra provisional dentro de un proyecto faraónico que no vio la luz. El paso del tiempo ha propiciado que hoy sea la estación real, por la que pasan muchos miles de viajeros cada año, y que plantea un buen número de inconvenientes. El invierno ha propiciado que el agua llegue hasta las vías soterradas, exhibiendo con claridad que o falló el plan de origen o el mantenimiento no ha sido el adecuado. Es, si cabe, un conficto añadido a los problemas que de manera recurrente surgen con asuntos graves, como ese intercambiador de ancho de vías que acaba atrapando cada poco algún convoy. Pero también cabe escuchar la queja de los viajeros en torno a las posibilidades de acceso y de desembarco de equipajes. No llegan ni a media docena las plazas disponibles para las labores de carga y descarga, en una zona en la que incluso hubo que cambiar las direcciones en el semáforo para evitar colapsos. Cuando en otras ciudades se prevén estaciones multimodales de obra nueva, cabe preguntarse si en León se invirtieron bien los recursos. En obras está el enlace con la de autocares, pero se echa en falta una infraestructura ideada para completarse con servicios como el bus o una parada de taxis visible a primera vista.

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