De Matallana al Paseo de la Castellana
Hasta las puertas del Ministerio de Transportes ha llegado este sábado la indignación de los usuarios de Feve. La Plataforma en Defensa del Ferrocarril de Vía Estrecha, surgida para denunciar el abandono generalizado de la línea y para reivindicar que el trazado del tren vuelva a llegar hasta el centro de León, decidió esquivar el ninguneo con el que el departamento del ministro Óscar Puente responde habitualmente a las reivindicaciones ciudadanas que se promueven en León —léase el soterramiento en San Andrés del Rabanedo— para plantarse en el Paseo de la Castellana con pancartas y manifiesto firmado por cientos de vecinos de los pueblos de la ciudad, del alfoz y de la montaña leonesa. Las verdades del barquero, leídas por el escritor Juan Pedro Aparicio, resonaron en el centro de la capital denunciando que el desmantelamiento de la línea comenzó hace 14 años, cuando se cerró el acceso a la estación de Matallana rompiendo de forma indefinida el vínculo que durante décadas unió la capital a los pueblos. Nadie ha asumido responsabilidades por semejante quiebro. Solo un rosario de reproches cruzados, anuncios bochornosos y mentiras embarullan lo que viene a ser una completa y absoluta falta de intención política. Es conveniente respaldar la movilización con cifras. No son nuevas, pero cantan hoy igual que siempre. Dos tercios de los usuarios que la vía estrecha tenía a principios de este siglo han desaparecido de las estadísticas obligados a quedarse en tierra por la inoperancia forzada de la línea. Aún resisten unos cuantos que se niegan a proporcionar con su renuncia la excusa perfecta para cerrar definitivamente la Feve de León. Sin pasajeros no hay motivo para mantener abierta la línea. Qué mejor coartada que esa. Pero lo que ocurrió este sábado en Madrid demuestra que dar carpetazo al asunto va a costar más de lo previsto, aunque tengan que llevar los pendones hasta la misma Moncloa.