Sin Compostilla II y sin alternativas
La caída de las chimeneas de la térmica Compostilla II simboliza el final de la energía eléctrica generada gracias a la minería del carbón. Es el adiós a décadas de prosperidad —no exentas de polémicas por las terribles trampas que se realizaron en el suministro de mineral— y a una economía provincial que era prácticamente un monocultivo. La voladura controlada fue un espectáculo que atrajo a cientos de personas que no quisieron perderse un acontecimiento que incluyó una singularidad, ese trozo de una de las chimeneas que no siguió el guion previsto y sigue en pie. Para muchos, es la resistencia que ofrece Compostilla a desaparecer del todo, una central que heredó la vitola de la primitiva planta ubicada en el barrio ponferradino que tiene ese nombre y que fue la cuna de Endesa en los años 40 del siglo XX. Ahora parece claro que no es admisible que se repita el guion. Las minas se cerraron y las cuencas se despoblaron entre promesas de unas alternativas que nunca llegaron. Se supone que se elimina la central de Cubillos para dejar el espacio disponible para acoger otros empresas que den riqueza y empleo a la comarca. Junto a Compostilla queda otra cicatriz. La planta para investigar la captura de CO2, origen de Ciuden, con la que se pretendía mantener abiertas las térmicas...