martes 20/10/20

Gracias, bicho

Hay gente convencida de que también habrá que agradecerle a ese monstruo microscópico que nos trae por la autopista de la amargura a velocidades de vértigo, todos los beneficios colaterales que sin duda está logrando esparcir o injertar en la vida del personal, en el movimiento de la noria o en el valor de las cosas. Ya lo dijo el resabio popular: no hay mal que por bien no venga.

Por ahora, ya libramos aquí de alguna boda que por lo común acarrea fastidio y gasto idiota... o de esa comunión pintadita de miniboda que es una ruina con tanta mesa tras una misa... y de algunos tristes funerales, ojos que no ven para alguien que seguramente murió solo o dramáticamente muy solo... o de la merendola vecinal en verano de pueblo donde la tropa parece que nunca comió y se refocila con churrasco carbonizado y vino de pelea y a la que hay que ir o te fusila el cuchicheo... y libramos de matar judios y de la tamborrada nazarena que infla de pasión hueca y mucho ruido la procesión haciendo de la religión carnavalito y de lo cofrade meneo... y de tantos actos culturales vanos con ganas de ser esto Madrid donde «a las ocho de la tarde, o das una conferencia o te la dan»... y de cenas o convites al tuntún o porque «tú lo vales»... y de llevar al crío a cumpleaños de mucho globito y tontería... o de torturarse en gimnasios y sobresfuerzos... sin contar todo lo que uno se ha ahorrado, manteca tonta que sin duda ya exigen los rotos que nos va haciendo esta crisis in crrescendo.

Y en pandemias se descubre que hay cierta soledad salutífera... y distancias muy necesarias... que hay mucha tarea si nos miramos dentro o a la casa propia donde tanto sobra y tanto falta... que cocinar es más divertido y sabroso que comprar al triple alimentos procesados que además nos esferulan... que leer y apagar la tele no hincha las muñecas... que consumir como si no hubiera mañana nos volvió insatisfechos, pijos e inhóspitos... que poniendo una lamparita en la ventana se ensaya el fuego que purifica... y que «no por mucho atempranar amanece más madruga».

Gracias, bicho
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