Diario de León
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La gaveta | césar gavela

Cuando Zapatero puso en marcha su modelo territorial para España, modelo que no parece encajar bien en la Constitución y que cristalizó con la insólita bilateralidad catalana, yo me sentía frustrado. Porque esperaba mucho de ZP en lo referente a León. Creía, y casi aún sigo creyendo, que un paisano en la Moncloa favorecería que el viejo Reino de León (una pequeña parte del mismo, en puridad) podría constituirse como autonomía. O algo así. Forzando las leyes desde luego; las mismas que se han forzado para sacar adelante el Estatuto catalán. Luego traté de ver las cosas de un modo más optimista. Y como ZP es un político muy hábil llegué a pensar que estaba reservando el gran premio para León. Que lo que Cataluña iba a ser (una nación semiindependiente, con equipos de fútbol jugando la UEFA y la FIFA) era poco comparado con lo que reservaba para León. Porque lo que él albergaría para su tierra sería nada menos que un Estado Libre Asociado. Como el que propugnaba Ibarretxe para sus provincias étnico-religiosas, pero aún mejor. Más perfecto y nítido. uego me olvidé de esa cábala. Hasta que el otro día, leyendo un artículo sobre Abjazia, la república independiente de facto que un día fue efímera parte de Georgia, pensé en León. También leí que Abjazia tiene una élite cultural pequeña, pero muy activa, consciente y novedosa. El cronista decía que esta élite se reunía en un bar de Sujumi, la capital de ese micro-país costero del mar Negro.

Un bar, una élite, un país pequeño, de solo 215.000 habitantes-¦ Entonces deduje: ¡en León somos muchos más! Y con más derechos que Abjazia. Porque León es el corazón (de León) de uno de los grandes reinos medievales de Europa.

Nuestro Estado Libre Asociado podría ser la suma de dos zonas históricas leonesas: la de la provincia más aquellas partes de la diócesis de Astorga que pertenecen a Orense y Zamora. Tierras muy antigua y espiritualmente regidas desde la capital asturicense. El Estado Libre Asociado de León estaría poblado por 650.000 habitantes, el triple que Abjazia. Sería un estado con fronteras con dos naciones -”España y Portugal-” y su capital, por razones geográficas y romanas, sería Astorga. En cuanto a León, sería la capital universitaria y la sede de Caja-Filandón.

¿Tendría autonomías este estado? Sin duda. Una sería el Bierzo por razones obvias. Otra Valdeorras-O Bolo, imprescindible para aplacar el irredentismo galaico de ciertos líderes docentes. Otra sería León, Distrito Federal. Las demás regiones del Estado Leonés serían prefecturas. Puebla de Sanabria, La Bañeza, Villablino, Coyanza y La Robla serían las capitales de esos territorios, en las que diminutas diputaciones articularían subvenciones y cargos. Creí entonces, tan banalmente, que todos seríamos felices en ese país. Pero pronto estimé lo contrario: que era una gran suerte formar parte de un estado que tiene 46 millones de habitantes, y que, aunque modesto a escala mundial, es alguien. Y en el que se puede respirar.

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