Diario de León
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Crónica semanal manuel campo vidal

Antiguos ministros de José Maria Aznar están complicándole la vida a Mariano Rajoy en la segunda parte de la legislatura. Después del caso Gürtel y de la opereta valenciana, que más bien parecía una comedia de armarios roperos, sólo le faltaba a Mariano Rajoy la inculpación de Jaume Matas, ex presidente balear y ex ministro de Aznar. El asunto tiene poca escapatoria: es muy difícil justificar los recursos de Matas para adquirir propiedades inmobiliaria. Ni siquiera en este caso existe la famosa «caja de la farmacia de mi esposa» a la que Francisco Camps recurrió en su declaración judicial para tratar de justificar una fuente de dinero sin facturas de por medio.

«Cuando se desata una crisis tan fuerte, el Gobierno de turno paga la factura electoral correspondiente. Mucho se tiene que recuperar la situación para que Zapatero logre llegar en buenas condiciones a las próximas elecciones», sostiene Pedro Arriola, sociólogo de cabecera de Rajoy y antes de Aznar. Arriola lo precisa con claridad: «Y no se trata sólo de que mejore la situación macroeconómica.. No; hablamos de recuperación del empleo que es lo que la gente percibe de verdad». Con este cuadro, a Rajoy se le pide básicamente que no se equivoque. Y no suele hacerlo aunque, a veces, a los suyos les subleve su abulia. El problema es que debe caminar con paso firme hacia la Moncloa pero tropieza, tropieza con las matas y los cascos que siembran su camino, como si los hubiera puesto allí su adversario.

Ahora, Francisco Álvarez Cascos toma el relevo. Venía rumoreándose desde hacía un par de meses que Cascos sondeaba a su partido en Asturias para desembarcar allí. Hay ruido, cierto. Pero la marea se compone de algunos aplausos, algunos llantos y bastante miedo. Miedo a decirle que ya no es tiempo al apodado en su día «general secretario» y miedo a la que pueda liar en su reaparición política. La última gesta que se le recuerda es una denuncia a la organización popular de Gijón por haber tirado a la basura unas cartas y documentación variada que el dirigente popular, aparentemente retirado de la política, guardaba en el sede gijonesa del PP desde años atrás. La dirección popular en Madrid ha fallado en ese asunto en favor de la diputada de Gijón Pilar Fernández Pardo y en contra, por tanto, de Alvarez Cascos.

La ventaja de Cascos con su decisión de autoproclamarse en la práctica candidato del PP en Asturias es que pocos se van a atrever a decirle que lo temen cuando en voz baja la verdad es que la mayoría reconoce que lo teme. En Asturias y en la calle Génova de Madrid, sede de la dirección popular. Malas noticias para Mariano Rajoy. En puro cálculo de probabilidades Rajoy, como casi siempre, no va a decir nada, así que le tocará a su número dos, Cospedal, poner a Cascos en su sitio. La duda es cuántas voces en Asturias y en la dirección nacional del PP se sumarán a la posición de la secretaria general. Sabido es que Javier Arenas, que sustituyó a Cascos en la secretaria general, guarda una cordial animadversión con el personaje. Y ambos no celebran que una mujer de carácter fuerte les haya tomado el relevo tiempo después.

Veremos en qué queda todo pero es muy probable que el movimiento ajedrecista de Cascos consolide la continuidad de Álvarez Areces, presidente socialista de Asturias. Hace unas semanas se daba por hecho que Areces sería sustituido por Javier Fernández, actual secretario general del PSOE asturiano, pero las encuestas advierten que esa es una operación de alto riesgo. Y con Cascos a la puerta del quirófano todavía más. Con todo, la tendencia a la continuidad puede acabar imponiéndose. En el caso del PP, por ejemplo, por más que Matas sea juzgado y represente un incordio para Rajoy, no es descartable que los populares alcancen la mayoría a bsoluta en Baleares. Porque es muy duro el golpe de Matas pero la marca PP repondrá un candidato presuntamente en condiciones mientras que la Unió Mallorquina de la señora Munar puede desaparecer y el PP capitalizar esa novedad. Un juego sin duda rocambolesco en lo autonómico pero dañino en la credibilidad del lider nacional del PP.

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