Contentos de ser del mundo
La aspillera | vicente pueyo
Pues qué quieren que les diga. Uno, antes que la devolución de la Cruz de Fernando I y Doña Sancha, reivindicada ayer de n uevo ante los reyes, -con cazurra elegancia y resignación leonesas- por el abad emérito Antonio Viñayo, preferiría que León ingresara en la senda de las ciudades de verdad abiertas al mundo. Ayer se dio un paso muy relevante en este sentido al abrir la puerta de par en par, con rescatada piedra noble y alfombra de púrpura, a la Universidad de Washington. Una iniciativa de indudable importancia cultural y educativa y con un alcance socio-económico también relevante a medio plazo; algo a no perder de vista en los tiempos que corren.
En esta hora que vivimos ya no cabe calarse la boina hasta las cejas ni quedarse a verlas venir dentro del recinto amurallado. Están muy bien los hitos históricos y los chutes de orgullo patrio -ayer hubo sobredosis- pero lo realmente trascendental es aprender a mirar lejos con sana ambición. De poco vale (es un ejemplo) concentrar ¿malgastar? esfuerzos y voluntades en intentar recuperar una obra maestra de la eboraria, como es la cruz citada, o una arqueta primorosa -incautadas a San Isidoro por la gracia de Dios y de Isabel II y que habitan las vitrinas del Museo Arqueológico Nacional-, si se pierden de vista, o se relegan a un segundo plano, los objetivos de futuro. Esos objetivos que pueden y deben subrayar el carácter de León como ciudad aventajada en un aspecto tan crucial como es la educación. El rector de la Universidad leonesa, José Ángel Hermida, destacó con buen criterio lo positivo que tiene, y que tendrá, este paso que se acaba de dar hacia la «internacionalización» de León. Todo un reto desde el punto de vista académico pero también una esperanza pues abre todo un campo, aún inédito en estos lares, de relaciones humanas e institucionales que el tiempo irá decantando. Los primeros alumnos norteamericanos que ponían ayer la nota juvenil al acto de la inauguración de la sede oficial de la Universidad de Washington, -que ocupará un espacio privilegiado en el resucitado Palacio del Conde Luna- eran el símbolo vivo de esa esperanza. Seguro que están satisfechos de estar en una ciudad que rezuma historia -en esto sí les superamos- pero también, y sobre todo, de convivir con otros jóvenes leoneses que es quizá la mejor forma de aparcar estereotipos y absurdos prejuicios. A las posibilidades que ofrece la globalización bien entendida se refirió la rectora de la Universidad de Letras de Washington, profesora Ana María Cauce, resaltando que se ha iniciado un peregrinaje conjunto que pronto dará frutos visibles y duraderos.
Es el momento de aprovechar toda esa energía positiva que se apreciaba ayer y de canalizarla sensatamente. Da la sensación de que queda bastante por atar en todo lo relativo a las titulaciones compartidas pero lo que es innegable es el «feeling» positivo que se ha generado entre los responsables de las instituciones que están detrás de un empeño que ha llegado a buen puer to. Mucho queda por andar pero, tanto el camino en sí mismo, como los objetivos, merecen la pena. Ya estábamos contentos de ser de aquí. Ahora toca estar contentos de ser del mundo.