Diario de León

El ferrocarril, ¿un objetivo estratégico?

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Tribuna | Andrés Zorita

CATEDRÁtICO DE VETERINARIA

En un programa de debate emitido por la televisión se trató del caos aéreo y eco nómico producido por el cierre del espacio aéreo europeo debido a las emisiones del volcán islandés Eyjafjallajokul. Los participantes se centraron en si la comisión europea hizo bien o se precipitó al cerrar el espacio aéreo, etcétera. Me parece que lo que realmente hay que debatir es cómo evitar los colapsos al transporte ante los imprevistos meteorológicos o geológicos, y conseguir una Europa inmune a los mismos, o admitir que debemos aguantar estos avatares que en el mejor de los casos se presentarán cada mucho tiempo.

La crisis en el sector del transporte aéreo europeo provocada por la nube volcánica procedente de Islandia pone de manifiesto la necesidad de debatir en la comunidad europea (para eso además tenemos la presidencia de turno) si se deben acometer reformas estructurales para potenciar las redes transeuropeas y el ferrocarril en Europa, si los programas actuales ya incluyen esos planes y éstos son adecuados, o si hay que aumentar la velocidad de ejecución de los mismos; para evitar que la economía europea pueda tambalearse por un volcán islandés, o alteraciones geofísicas o climatológicas que afecten al aire o al mar en cualquier lugar. Agradeceríamos que los pagadores de impuestos fuéramos informados de ello por los políticos de uno u otro signo (todos a una como los de Fuenteovejuna), ya que en los planes ferroviarios pasados, presentes y futuros dada su magnitud están implicados diferentes gobiernos de distintas ideologías.

Desde el punto de vista del ciudadano que desconoce las enormes dificultades técnicas, aunque se las imagina, lo sucedido tiene que ser motivo de reflexión de cara al futuro inmediato. Parece que pueda ser necesario contar con un sistema rápido y seguro de transporte terrestre y reducir la dependencia del sector aéreo. ¿Existen planes de la comunidad europea para invertir con sus ayudas en el ferrocarril y regular perfectamente una vasta red ferroviaria de todos los países participantes? ¿Debe incrementarse el interés europeo por el ferrocarril? Esto, visto desde fuera, parece que pudiera ser un pilar tremendamente sólido para colocar a Europa como líder de la economía mundial. Para eso y otras cosas nos hemos unido. Me parece prioritario que estemos informados de estos planes, que seguro que existen y en todo caso replantear el futuro del transporte europeo comunitario.

La interconexión de una red de ferrocarril que permita el transporte de viajeros y de cosas a gran velocidad debe convertirse en uno de los ejes clave de la política de transportes de la Unión Europea. El proceso de construcción europea, que debe conducir a la fusión de las poblaciones y economías del continente, requiere de unos sistemas de transporte coherentes, por lo que la existencia de una red europea de ferrocarril de gran velocidad perfectamente coordinada que comunique la mayoría de regiones, garantizando la movilidad de la población de forma ininterrumpida, supondría un importante elemento de integración y cohesión social y económica para conseguir unos eficaces Estados Unidos de Europa.

España ha desarrollado importantes aportaciones técnicas en materia ferroviaria. Sin embargo tenemos el hándicap de un ancho de vía diferente del internacional. Por este motivo, en nuestro país, el cambio de vía requerirá una gran inversión en los próximos años. Así que entiendo que como las nuevas infraestructuras de alta velocidad españolas se construyen con el ancho de vía internacional, se está procediendo no sólo a mejorar la calidad del transporte, sino que también a la imperiosa necesidad de esa adaptación a la red ferroviaria internacional. La difícil orografía española es una dificultad añadida para el desarrollo del ferrocarril, pues necesita de obras de ingeniería difíciles y costosas, pero quizás este pueda ser un buen momento para emplear el dinero público adecuadamente, generando empleo a las personas y ocupación a las empresas constructoras, cementeras, metalúrgicas y del transporte. Quisiera que fuésemos informados de las inversiones actuales, de las posibilidades máximas de nuestro país en esta materia y de si es necesario incrementar las partidas presupuestarias frente a otras inversiones.

España tiene que reducir la dependencia exterior de la energía que supera el 80%, ya que esto provoca elevados déficits comerciales y vulnerabilidad en el abastecimiento energético, y por otro lado se tiene que combatir decididamente la emisión de gases de efecto invernadero. La sustitución del petróleo se llama electricidad. El watio es nuestro seguro de vida. Los motores eléctricos, además de muy duraderos, como no requieren combustión, son inmunes a las colmataciones atmosféricas de partículas abrasivas, no emiten gases de efecto invernadero y no contaminan, adicionalmente no consumen combustible fósil, si la energía eléctrica está generada por fuentes hidráulica, eólica, o nuclear, lo que permitiría conseguir la disminución a gran escala de la dependencia del petróleo, mejorando nuestra seguridad y aumentando nuestra riqueza, al poder emplear ese dinero en otros menesteres sociales. La disminución del consumo de petróleo conlleva a permitir la regeneración medioambiental. El desarrollo de potentes locomotoras animadas por motores eléctricos es, como fácilmente se puede entender, el camino inmediato para conseguir estos objetivos, además de afianzar una sólida y segura vía de transporte en Europa y por tanto de la economía.

Es evidente, que en el sector eléctrico español parece existir un importante desequilibrio con la entrada de fuentes renovables fuertemente subvencionadas -”nos cuesta 250 euros al año a cada consumidor-” que está haciendo que las cuentas no salgan, y que el propio gobierno reconozca, ahora, que son la causa del aumento del recibo de la luz. No ha existido un debate político energético, pero ah ora se habla de un pacto. Esto ha conllevado a alterar el lábil equilibrio eléctrico al paralizar térmicas alimentadas por carbón y temporalmente las alimentadas por gas -”gas que hay que pagar se consuma o no, en virtud de lo acordado con los gasoductos-”. Por otro lado la electricidad generada por la energía eólica nocturna -”cuando menos consumo eléctri co hay-” a veces de forma masiva (el viento sopla de noche), requeriría de sistemas de almacenaje -”baterías del tamaño de campos de futbol-” que no existen, o sistemas de recuperación de energía nocturna como el bombeo de agua a embalses elevados para durante el día transformarlo en energía hidráulica o aprovechamiento simultaneo para la agricultura, o disponer de una perfecta red eléctrica europea que permita enviar los excedentes a Alemania o viceversa según donde sople el viento. Por desgracia, en la actualidad la sobreproducción nocturna debe ser retirada de la red sin aprovechamiento, y todo esto en un contexto de encarecimiento de la factura eléctrica, del petróleo y de elevada contaminación atmosférica.

Como estoy argumentando, el problema energético no es sólo la generación de energía definida ésta como la posibilidad de realizar un trabajo, sino de tener el complemento -”la maquina-” que la pueda utilizar en el momento en que esa energía está disponible -”el problema de las renovables-”, sino no sirve para nada. Como ven, estamos de acuerdo en la necesidad imperiosa de la independencia del petróleo, por eso son necesarias las renovables, las nucleares y las térmicas convencionales.

Me parece que el tren puede ser el mecanismo regulador eléctrico idóneo en España en este momento hasta la consecución del coche eléctrico si se coordina un excelente transporte de mercancías predominantemente nocturno que permita hacer rentable la inversión eólica, permitiendo su máximo aprovechamiento y manteniendo operativas las centrales de ciclo mixto o nuclear. El desarrollo de trenes especiales de altísima velocidad que permitan el transporte de camiones con sus containers hará llegar las cosas más rápidamente y con mayor seguridad vial para todos. Ni que decir tiene que la posibilidad del transporte ultrarrápido de automóviles y propietarios puede cambiar la forma de viajar de la gente y dar una nueva dimensión al turismo, los negocios y la economía. El tren haría que empezaran a cuadrar las cuentas de la factura de renovables. Como profundo desconocedor de la técnica y la ingeniería ferroviaria hago aquí un llamamiento para que los técnicos ferroviarios escriban un artículo informándonos de las enormes dificultades que esto supondría. ¿La red de alta velocidad puede albergar trenes de elevado peso? ¿Los trenes de alta velocidad tienen limitadas las pendientes a superar? ¿Es muy costosa una red de alta velocidad para el transporte pesado? ¿Puede el ferrocarril responder a las demandas de las fábricas que necesitan las piezas en el momento adecuado, evitando stocks? ¿Podemos cargar un camión en puerto de Hamburgo y tenerlo en León en seis u ocho horas?

Entiendo que para la realización de un proyecto de semejante envergadura no basta únicamente con el apoyo de la Unión Europea, sino que éste debe ir acompañado del respaldo de los diferentes gobiernos de los Estados miembros, tanto regionales como nacionales, gobiernos coherentes, que no despilfarren y que sepan invertir en ideas e infraestructuras que creen trabajo, bienestar, y permitan el ahorro público para eliminar la deuda -”liberando a las futuras generaciones-” y favorecer la inversión en protección social (buenas jubilaciones, residencias de tercera edad), sanidad (aumentando la cartera de servicios, sanidad bucal) e incluso disminuir los impuestos.

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