Acuicultura
Burro amenazado | pancho purroy
La cría de peces en estanques o en recintos de redes es un método productivo en auge. Las lubinas, doradas y acedías que vienen de las granjas piscícolas de la Bahía de Cádiz, los múgiles de los estanques de Israel, las truchas comunes y arcoiris de los cientos de piscifactoría repartidas por los ríos ibéricos, las anguilas de la desembocadura del Pó, las corvinas de Marruecos, los rodaballos producidos en Galicia, los atunes engordados en el Mediterráneo de Murcia y Sicilia, y los salmones que nos llegan desde los fiordos de Noruega y de Chile, llenan el mercado de peces criados o recriados en cautividad. El problema es que hay que darles de comer, en general diferentes harinas que se producen a partir de peces marinos forraje, como la anchoveta peruana, el jurel, las alachas o los lanzones, con un coste ecológico fuerte. Nada que ver esta crianza con la de las tilapias que ramonean algas y hierba en lagunas tropicales, o la de las carpas relacionadas con el cultivo del arroz en Asia, especies de agua dulce que medran de recursos naturales que no se esquilman, ayudando al agricultor. Para intentar paliar el problema de las piscifactorías industriales golosas en harinas de pescado, se ha puesto en marcha el proyecto de investigación Acuisost (Acuicultura sostenible), en el que participa un consorcio de 25 empresas y 20 centros tecnológicos. En la búsqueda de materias primas alternativas, se empiezan a producir resultados esperanzadores con productos tan diversos como guisantes, garbanzos, melazas de remolacha, residuos de las destilerías de whisky o restos de corteza de pan, susceptibles de originar proteínas que nutran a los peces cautivos. ás difícil va a ser la gestión de los residuos generados o como actuar con enfermedades, caso del virus del salmón en Chile, que, desde las piscifactorías en el mar, están impactando en los salmones salvajes de los ríos de la Patagonia, destino de pesca de calidad de muchos cañistas con dinero.