Al final, libran
A esgaya | emilio gancedo
A l final, libran. Los que la armaron parda se largan de rositas. Especialmente los que la armaron de verdad, a lo grande, los que no se cortaron un pelo. Los que apostaron fuerte, a la carta más alta. Cartas, eso sí, marcadas, bien escogidas y bien medidas, un plan maestro diseñado al milímetro. Y la jugada ha resultado redonda. No me refiero aquí a los constructores de medio y alto pelo, a los especuladores profesionales, a los carteristas de la Bolsa, a los ladrilleros con antena parabólica, que también metieron el cazo en la olla y que tienen su gran parte de culpa -”y de los que ya se ha hablado aquí-”, sino sobre todo a los mayores beneficiarios de esta maquinación bestial y mundial, de este atraco a mano armada registrado a escala planetaria y dirigido contra las agujereadas carteras de los ciudadanos de los cinco continentes, esto es: los bancos y los banqueros.
Lo cierto es que os ha salido de pegada. Tenéis que tener a los políticos agarrados por las partes más blandas porque la cosa es digna de aparecer en los manuales del más pendejo bandolerismo. No sólo los gobiernos os salvan el culo después de haber inundado el mercado de virus inmobiliarios que han infectado el sistema operativo del mundo, inyectándoos miles de millones de euros, y de haberos aliado con lo más voraz de la política (derecha, izquierda, ¿qué más da?), sino que encima os metéis en el bolsillo los activos y el futuro de ese gran pesebre terráqueo que es la atontolinada, gigantesca y embrutecida clase media global.
Habéis dejado a los ciudadanos hipotecados hasta extremos intolerables (ya no se dejan herencias, sino deudas), por un valor por lo menos doble de lo que realmente valen tales posesiones, y encima habéis atropado muchos de esos bienes, échandolos a la saca. Y ahora que la talega comienza a vaciarse, el Estado exprime, ¡cómo no!, a los de siempre.
La mafia de seda, los Al Capones del siglo XXI, van librando... de momento.