El despertar gubernamental
Panorama | antonio papell
El pasado mayo marcó un punto de inflexión en la crisis económica europea. El segundo fin de semana del pasado mes, en que Europa acudió al rescate de Grecia, creó el fondo de 700.000 millones de euros y lanzó la obligación colectiva de proceder a severos ajustes en prácticamente todos los países para que el euro recuperara la credibilidad en los mercados fue -en palabras de Rodríguez Zapatero- el «Pearl Harbour» de la recesión. Y, como es natural, aquella reflexión dramática y perentoria deprimió psicológicamente a los europeos en general y a los españoles en particular. Rodríguez Zapatero, tan remiso en otras ocasiones a aceptar la cruda realidad, se puso esta vez manos a la obra y, con evidente vértigo, ha cogido el toro por los cuernos. El 12 de mayo, anunciaba con elocuente parquedad el gran ajuste que requería la situación: una reducción del gasto de 15.500 millones de euros hasta 2011 que incluía una reducción salarial de los funcionarios y la congelación de las pensiones. El 27 de mayo, el PP, que tenía todo el viento a favor para adueñarse de la coyuntura, cometía el error histórico, que relativiza la capacidad de liderazgo de Rajoy, de no apoyar aquella medida que devolvía la solvencia económica, política y moral a nuestro país. Y, con la urgencia que requiere la situación, Zapatero anunciaba que sin más demora se promulgaría la inaplazable reforma laboral por decreto, dada la incapacidad de los agentes sociales para pactarla. La próxima semana, el objetivo quedará cumplido.
En toda esta secuencia, han faltado explicaciones y pedagogía, y es poco comprensible que el presidente del Gobierno no haya salido a los medios para explicar los sacrificios y sus incontestables motivaciones. Pero la opinión pública ha entendido pese a todo, no sin cierta dificultad, el mensaje: tenemos que interiorizar la evidencia de que hemos vivido durante muchos años el espejismo de una opulencia irreal, y ya es hora de poner los pies en el suelo. Prácticamente concluido este proceso, la conmemoración del centenario de la llegada de Pablo Iglesias al Congreso de los Diputados, el jueves, con una reunión masiva de la familia socialista, ha supuesto para el Gobierno la recuperación del pulso y de las expectativas. La sacudida provocada por la calurosa intervención de González, quien recordó que el nuestro ha sido el primero de la larga lista de países europeos que han acometido sus correspondientes ajustes, ha sacado de la catarsis pesimista al sector político y social que sostiene al Gobierno. Gobernar es -ha venido a decir el ex presidente- atreverse a tomar decisiones impopulares pero necesarias.
En el entretanto, es bien visible que la opinión pública, primero consternada por la dureza de la terapia y muy irritada con quien había decidido aplicarla, ha ido reaccionando favorablemente a la decisión del cirujano. Y es evidente que comienza a cumplirse una osada previsión que realizó recientemente en uno de sus habituales artículos el ex ministro Jordi Sevilla: Zapatero vivirá «sus peores pesadillas personales» tras el recorte del gasto y las reformas estructurales. Sin embargo, estas medidas dejarán «al PP sin discurso al haberse apropiado el Gobierno de la ortodoxia contra la crisis (...), lo que le empujará -al PP- hacia una derecha radical e inconsistente muy alejada del votante de centro» y debilitará «más a unos sindicatos a los que no les sobra prestigio social».