Diario de León

La opinión del lector

A Ángeles Cuervo, maestra

Publicado por
F. García Carrizo. Veguellina
León

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Después de una intensa vida dedicada al magisterio, has llegado a la meta de tu quehacer educativo. Comenzaste tu andadura en el colegio María Luisa Ucieda en Gavilanes de Órbigo, para pasar posteriormente al de Toral de los Vados; Viariz (del Ayuntamiento de Corullón); Santo Negro en Elda (Alicante); Antonio Machado en Noceda; Villoria (C.R.A de Hospital de Órbigo), y finalmente en el Martín Monreal de Veguellina. Decía San Juan Crisóstomo que, se estima a un gran pintor o a un gran escultor, pero, ¿qué es su arte al lado de aquel que trabaja, no sobre el mármol o la tela, sino sobre los espíritus? Compartí contigo varios cursos en el Martín Monreal y sé de tu buen hacer y de tu trato agradabilísimo siempre con todos, con alumnos y con compañeros. Tenías muy claro que el colegio debía de ser una familia, donde nos ayudáramos todos. Has sabido siempre inspirar en los alumnos el deseo de aprender con curiosidad, novedad y variedad, con lo cual el éxito está asegurado. Si ese deseo no existe, decía, -Horace Man-, el maestro estaría tratando de forjar un hierro frío, cosa imposible. Herbart nos recordaba que el objetivo principal de la enseñanza debe ser: despertar el interés del niño y desenvolverlo en todas direcciones.

San Anselmo también nos advertía: «a los niños hay que tratarlos con cariño para dominarlos con el afecto» y Johann Heinrich Pestalozzi agregaba: «Un niño que no se siente querido, difícilmente puede ser educado». Realmente, no hay mayor pedagogía que el amor y el ejemplo. Eso lo cumpliste de maravilla, con un amor especial hacia todos tus alumnos y ellos también, como es lógico, te han correspondido con creces. Haciendo este comentario me ha venido a la mente una frase que leí estando en aulas activas con niños en el albergue de Arbejal, Cervera de Pisuerga (Palencia), en un cuadro de Escobar, que decía: «Cierro ahora los ojos y ¿qué queda de mi infancia? Nada recuerdo de las materias escolares, he olvidado los quebrados, los verbos y los ríos de Europa, pero no he olvidado ni a uno de los rostros que me enseñaron a ser feliz, porque me quisieron». No puedo olvidarme de tus dotes teatrales, que las has tenido y en grado sumo, pues en cada Navidad y en la semana cultural, siempre esperábamos las magníficas representaciones que hacían tus alumnos a los que les habías inculcado el gusanillo de ser actores. Decía Federico García Lorca que, «el teatro es poesía que se sale del libro para hacerse humana». El teatro puede y debe ser exprimido de tal manera que se convierta en el meollo de nuestro quehacer educativo. Esto también lo tenías muy claro, pues a través de las representaciones teatrales has cultivado varios aspectos educativos, tales como: mejorar la lectura, aumentar la autoestima, ganar en convivencia, potenciar la responsabilidad, viajar, etcétera.

La primera vez que te conocí, fue en la convivencia de los grupos de teatro de Villoria, Veguellina y Camponaraya, donde hicimos con los alumnos dos días de convivencia y de actuaciones, el primero para visitar nuestra zona: Jiménez de Jamuz y sus cacharros, Castrillo de los Polvazares (La pequeña Santillana), Astorga y finalmente el monasterio premostratense de Villoria. En el segundo día para visitar la suya, el Bierzo: Camponaraya con su cooperativa y Cristalglass, los museos de Ponferrada, y el Castillo. Fueron dos excursiones inolvidables para todos, que culminaron con varias representaciones teatrales en los tres centros. Felicidades amiga Ángeles y que disfrutes de esta jubilación bien merecida en compañía de tu familia donde hay maestros y artistas. Quiero tener aquí un recuerdo para todos los maestros que se han jubilado y se jubilan este año y recordar también a otros queridos compañeros que se han ido o que se van a ir de este colegio y de manera especial al director actual, Enrique Pardo Clérigo, que después de muchos años de fructífera labor en Veguellina se nos va a la capital.

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