Cuentos del revés
Contracorriente miguel paz cabanas
Lee uno que un tipo soltó 2,6 millones de dólares por una cena privada con Warren Buffet (conocido por su legendaria astucia en provocar o anticiparse a los desastres de los mercados, especulador financiero insuperable y el segundo hombre más rico del mundo), se supone que para que el llamado «oráculo de Omaha» le diera claves sobre dónde o contra quién invertir en estos meses procelosos que se nos echan encima y poder salir con su mondadientes de oro clavado en una sonrisa triunfal. El dinero por la cena, se aclara con pudor religioso, se destinaría a una Fundación del prop io Buffet, dedicada a dar de comer a los más necesitados. Paralelamente, nos enteramos que el sanguinario dictador Teodoro Obiang ha hecho una donación a la Unesco -especulamos que para limpiar su imagen- con la connivencia del resto de África y de naciones como USA, Francia y España, aunque en su país sus súbditos ya tengan la cara suficientemente lavada, teniendo en cuenta que, según el African Economic Outlook, el 77% de los habitantes de Guinea Ecuatorial viven bajo el umbral de la pobreza. A mí estas dádivas filantrópicas me recuerdan a la sopa que daban las damas histéricas del ejército de salvación y me hacen pensar en un mundo moralmente inverso, donde las orcas, después de zamparse a los delfines, se dedican a soltar chorros de espuma para que los pececillos de los viveros vivan calientes, o a una especie de Robin Hood gordo y corrupto que, después de esquilmar a los mendigos del bosque de Sherwood, violar a las doncellas de la corte y coronarse emperador, lanza flechas con pepitas de oro a un puñado de menesterosos que sollozan amargamente al pie de su castillo. En fin, que prefiero un mundo sin filántropos de esa catadura y donde los tres cerditos sigan siendo eso, tres cerditos y no un trío de brokers muriéndose de risa en su casa de Beverly Hills.